Medir el tiempo u organizar la vida humana en torno a éste es una de las características de la producción capitalista. El capitalismo hace de la aceleración un modo de vida. Se dice que fue la máquina a vapor la que cambió todo, junto con la invención de las fábricas a finales del siglo XVIII. El capitalismo se encargó de transformar el tiempo en velocidad.
La urbanización ayudó a esta aceleración del tiempo. La vida urbana, en contraste con la rural, es mucho más rápida. La sensación del paso del tiempo en las ciudades es distinta a la sensación del mismo fenómeno en el campo. Esto porque en las urbes se precisa acelerar el tiempo. Carl Honoré señala que en 1850 se registraron más de 500 máquinas que servían para la aceleración del tiempo y el trabajo. Londres inauguró la primera línea de metro en 1863. Berlín inauguró el primer tranvía eléctrico en 1879. Y en 1903, la compañía de automóviles Ford presentó la primera cadena de montaje en busca de fabricar un vehículo (el modelo T) en tiempo récord.
La máquina esencial del capitalismo contemporáneo ha sido el reloj, y la manera en la que éste ha moldeado la vida humana. Durante todo el siglo XIX, los directivos de las fábricas no sabían cómo lograr que los trabajadores introduzcan en su cuerpo el tiempo, para en consecuencia mejorar la producción. Se les ocurrió promover la puntualidad como una virtud y denigrar la tardanza y la lentitud como pecados capitales. Se empezó a decir que solo puede triunfar en la vida quien es puntual y no se retrasa. Se empezó a premiar no solo al empleado más puntual, sino también al que podía hacer más cosas en menos tiempo. En 1876 aparece en el mercado el primer despertador de cuerda. Años más tarde, las fábricas empezaron a instalar relojes. Cada vez se notaba más el apremio de que cada segundo cuenta. Se acuñó la frase “el tiempo es oro”.
Hoy en día, no hay duda de que quien produce la computadora más veloz tiene una venta garantizada hasta que aparezca el competidor que presente una versión más rápida. Esta presión por producir a toda velocidad hace que no importe si el producto esté acabado, o si ha sido correctamente testeado o comprobado. Ese es el caso del software y de todas las actualizaciones que requieren los dispositivos electrónicos actualmente y que muchas veces ralentizan sus funciones.
Y eso que no hablamos de la obsolescencia programada, esa extraña condición de duración calculada de las baterías y del rendimiento de los aparatos electrónicos para obligarte a comprar un producto de última generación a los pocos meses de haber adquirido el anterior, lo último que supone estar a tiempo. El capitalismo es una forma de administrar el tiempo de los seres humanos, una especie de biopolítica programada.






