Desde el 21 de diciembre, el Gobierno de EEUU funciona parcialmente, pues se ha visto obligado a cerrar varias de sus dependencias por la falta de recursos. Esto como consecuencia del diferendo que republicanos y demócratas han entablado a propósito del financiamiento del polémico muro que Trump quiere construir en la frontera con México. En concreto, los senadores demócratas se niegan a refrendar los $us 5.700 millones contemplados en el presupuesto 2019 planteado por la Cámara de Representantes, aún bajo control republicano hasta su renovación (a partir del 3 de enero), para la edificación del muro fronterizo. Tanto Trump como la oposición demócrata han adelantado que no van a ceder, por lo que el cierre podría prolongarse durante las próximas semanas.
Este cierre, sumado a las amenazas y presiones ejercidas por Trump contra la Reserva Federal (el Banco Central estadounidense) por la reciente subida de las tasas de interés de referencia para ralentizar la economía, está comenzado a pasar factura no solo a los miles de funcionarios públicos que podrían quedarse sin salario, sino también a los mercados bursátiles internacionales, en extremo sensibles a la incertidumbre financiera, particularmente de EEUU. A todo ello se suma el creciente deterioro de la imagen del Gobierno estadounidense, que se muestra cada vez más “prisionero” de los grandes grupos de poder norteamericanos y de los caprichos de su Presidente, cuyo objetivo último no es el de promover el bienestar de la gente, sino maximizar, a como dé lugar, sus utilidades.






