Mucho se habla de activismo, pero, ¿sabemos realmente a qué nos referimos cuando hablamos sobre este asunto, o será simplemente una moda? El activismo hace referencia a la actitud y acciones que adoptan las personas cuando quieren cambiar las cosas, a través de propuestas y proyectos que involucran el mejoramiento de toda la sociedad o de una población marginada. Pero también cuando se vulneran derechos fundamentales, ante lo cual se decide tomar parte y trabajar para lograr una sociedad más justa e igualitaria.
El activismo también implica la defensa de los derechos humanos dondequiera que éstos se encuentren amenazados o hayan sido vulnerados. Consiste en reaccionar frente a la injusticia, los malos tratos, la violencia o la discriminación; y tratar de corregir los factores que hacen posible tal vulneración. Se trata de estar dispuesto a ayudar y mostrar tu solidaridad con las luchas de otros pueblos; de luchar para que todos sean tratados con respeto y dignidad; para facilitar la transición hacia una sociedad más humana e igualitaria que respete los derechos humanos.
Los activistas eficaces tienen persistencia, creatividad, compromiso y —a menudo— mucho valor; pero sobre todo, la creencia en los seres humanos y en sus derechos fundamentales. Creen en un mundo en el que el respeto a los derechos humanos es posible, y quieren materializarlo. También “toman medidas” para conseguir utilizando diferentes métodos; y algunos no se detienen hasta que sus acciones influyen en el problema que están tratando de resolver.
Cada una de estas acciones tiene un propósito y pueden tener un impacto, cada una de ellas conlleva el empoderamiento y el compromiso de los activistas, pueden darle sentido y vida a los derechos humanos. El observar los beneficios que tus acciones pueden generar en favor de otros y para ti mismo, que las cosas pueden cambiar si nos involucramos en ellas, es sin duda una fuerza motivadora muy poderosa.
Cada día en las noticias y en las charlas cotidianas se nos alerta sobre los problemas que existen en nuestra sociedad. Pero muchas veces la falta de tiempo, los horarios laborales o las cargas familiares nos hacen dudar antes de dar el paso e implicarnos para modificar aquellas situaciones que no nos parecen éticas o justas. No obstante, el activismo impulsa la participación en favor de un cambio social. Su objetivo es involucrar a las personas y aprovechar sus capacidades para alcanzar un propósito concreto. Lo más importante es generar un cambio individual de conciencia y de acción, lo cual nos impulsa a convertirnos en agentes de cambio. Además de valentía, un activista se muestra capaz de dejar su ego en aras de lo que es mejor para todos.
En los últimos tiempos hemos sido testigos de un seudoactivismo en el que el egoísmo logra ser encubierto a través de las diferentes las plataformas disponibles para alcanzar intereses personales, como fama, poder, reconocimiento; y en el que a nombre de la nueva moda de la “transgresión” incluso se vulneran más derechos de los que se intentan defender. Entender que nuestra lucha tendrá un impacto social, que podemos generar un cambio, pude ser el motor para impulsar a las nuevas generaciones a luchar por sus ideales y a la mejora de toda la sociedad.
* Activista en favor de los derechos humanos, civiles y de acción social.






