Si bien el acoso en línea se puede ejercer contra cualquier usuario de Internet, suele enfocarse en poblaciones vulnerables como niños en centros educativos (y en ese caso se llama cyberbullying) o mujeres, personas transgénero, bisexuales y lesbianas entre otras identidades sexuales.
Uno de los problemas que tienen las víctimas del acoso en línea es que la definición de acoso no tiene consenso internacional ni nacional y no suele tener normativa específica, es el caso de Bolivia entre otros países. El acoso en línea no debe entenderse solo como insultos o amenazas contra las víctimas sino que cuando se habla de espacios digitales puede ser más diverso, desde no permitir o restringir el acceso a celulares o computadoras y cuentas de redes sociales, correos electrónicos u otros servicios, seguimiento de actividades en línea, suplantación de identidad, ataques DDoS que evitan acceso a blogs personales restringiendo libertad de expresión, publicación de información personal, creación de perfiles falsos, publicación de datos personales y varios otros ya que siempre hay espacio para nuevos abusos. Tantas formas de violencia lo convierten en un tema complejo difícil de tratar y legislar.
Los efectos suelen derivar en que las víctimas reducen su presencia en Internet atemorizadas o incluso, se salen de Internet por un tiempo o definitivamente. Esto restringe los derechos de acceso a información y conocimiento, libertad de expresión, privacidad y finalmente, una vida plena en espacios digitales.
En Bolivia hemos tenido casos extremos de acoso que han derivado en linchamientos digitales en varias ocasiones y sabemos que es difícil ganar causas legales porque los delitos no están tipificados y porque muchas veces, el sistema judicial no ve cuál es el problema ni la gravedad de los casos.
Las soluciones en sociedades más conectadas han ido por responsabilizar a las plataformas tecnológicas (Facebook, Twitter, Instagram, etc.) que intentan dar soluciones tecnológicas que hacen aguas porque debilitan otros derechos como la privacidad. Solo hay un caso en que una de las plataformas, Twitter, ha trabajado con un grupo de mujeres activistas para desarrollar soluciones sociales y tecnológicas. Por lo común son soluciones puramente tecnológicas las que se ofertan. Los Estados recién han comenzado a intentar legislar al respecto pero lo definitivo es que no se ha dado una solución efectiva en ningún caso.
La solución debe comenzar por un entendimiento del problema y ser integral: tecnológica, social y regulatoria. Cuando toque el caso, Bolivia podría comenzar un camino integral y no cometer los errores de los países que iniciaron sus caminos de solución hace varios años.
* Ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana.word-press.com






