El mecanismo ya tiene casi 10 años de uso en países de Europa y aunque dio buenos resultados, también tropezó con inconvenientes. Se trata de las pulseras electrónicas para prevenir que sujetos acusados de violencia de género se acerquen a sus víctimas.
Estas manillas son similares a las de los reos con medidas sustitutivas en varios países del hemisferio. Gracias a la tecnología, los dispositivos transmiten datos acerca de dónde se halla el agresor; tanto la víctima como el sindicado deben estar conectados y habiendo una orden de alejamiento vigente, los sistemas alertan de inmediato infracciones.
Pues bien, la Gobernación de Cochabamba prevé incorporar este sistema de monitoreo como prueba piloto a partir de junio, en reemplazo de la detención preventiva. En este ensayo, si el imputado se acerca, una señal de alarma se activará en el teléfono móvil de la víctima, pudiendo ésta apretar un botón de emergencia para pedir ayuda.
En España, por ejemplo, se emplean en casos de alto riesgo a fin de disuadir al agresor, hacer que las víctimas se sientan más seguras y documentar los quebrantamientos de las órdenes de alejamiento. Argentina y otros gobiernos también estudian su uso, pero la experiencia de otros países alerta de la necesidad de: aprobar cuanto antes una ley de uso del dispositivo; socializar la importancia del mecanismo; informar y convencer a los operadores de justicia de su uso; y desburocratizar la aplicación de los brazaletes, amén de ejecutar una intensiva política pública de prevención de la violencia desde otros frentes. Ojalá sea enhorabuena.






