Durante los festejos de Carnaval, la Policía atendió 13 denuncias sobre presuntas agresiones sexuales cometidas contra niños y niñas tan solo en la ciudad de La Paz. Además, rescató a seis menores de 12 años que se encontraban junto con sus progenitores en fiestas en las que la mayoría de los adultos estaban alcoholizados; es decir, una situación en extremo vulnerable para los niños.
Para mayor encono, se sabe que este fenómeno —la presencia de niños en celebraciones “amenizadas” por el alcohol a granel— ocurre no solo durante los desenfrenos carnavaleros, sino también a lo largo del año, en eventos protagonizados por padres de familia que anteponen la algarabía a la seguridad y el bienestar de sus hijos. De allí que sean más que necesarias medidas orientadas a contrarrestar este alarmante desamparo que sufren muchos niños en el país a causa de la desidia e ignorancia de sus familiares cercanos; pero también por la falta de instituciones estatales dedicadas a controlar este tipo de fiestas y otras situaciones de riesgo durante todo el año, no solo de manera excepcional.
Y es que, como bien se sabe, hoy por hoy las fiestas que se organizan en los domicilios particulares se desarrollan sin ningún tipo de control, afectando el descanso de los vecinos y poniendo en riesgo la seguridad de los niños que acompañan a sus progenitores a estas celebraciones, pues corren el riesgo no solo de perderse, sino también, y más grave aún, de presenciar y sufrir agresiones de toda laya.






