Discriminación de género, incluyendo la salarial, violencia y acoso son algunos costos, los más evidentes, que afrontan las mujeres que han incursionado en el rubro de la construcción como obreras, disputando a los varones un espacio laboral muy esforzado, duro y sacrificado, que hasta hace muy poco era su dominio exclusivo. Las obreras de la construcción piden ahora amparo de la ley.
Según la ONG Red Hábitat, en Bolivia cerca de 25.000 mujeres trabajan como obreras de la construcción; 160 de ellas están agrupadas en torno a la Asociación de Mujeres Constructoras (Asomuc), organización que cumple la doble función de representar las demandas del sector, así como de agencia de empleo y contratista de obras.
La Secretaría General de Asomuc lamenta la existencia de “violencia, discriminación y acoso” que sufren las mujeres del sector. La peor parece ser el que muchos contratistas pagan a las mujeres apenas el 30% de lo que les dan a los varones por el mismo trabajo. La violencia verbal y física es asunto cotidiano en todas las obras, así como el acoso sexual, que va desde palabrotas hasta toqueteos.
En sus ambientes de trabajo no existen espacios separados de sus pares varones para cambiarse de vestimenta; y lo mismo ocurre en los siempre escasos servicios higiénicos disponibles en las obras. En la misma línea, por lo general la ropa de trabajo que se les dota es para varones, por lo tanto, las tallas son muy grandes para ellas.
Con ayuda de la Red Hábitat, Asomuc logró reunir a inicios de año en Santa Cruz a muchas de las constructoras del país, y entre todas idearon tres propuestas de ley para acceder de algún modo a los derechos que les corresponden. La primera busca igualdad de condiciones laborales y salariales entre varones y mujeres. La segunda pretende que se proteja su seguridad y privacidad en el ámbito del trabajo, incluyendo baños y cambiadores diferenciados por sexo. Finalmente, la tercera establece la obligatoriedad de mecanismos de capacitación y formación a cargo del Estado.
La dirigencia del gremio de los obreros reconoce la existencia de discriminación, maltrato y violencia contra las trabajadoras, pero considera que su resolución es responsabilidad de los empresarios de la construcción. Días atrás, según informó un dirigente, firmaron un convenio con la Cámara de la Construcción para eliminar la discriminación salarial entre hombres y mujeres, y recordó que pronto entrará en vigencia el seguro obligatorio contra accidentes, que cubrirá por igual a varones y mujeres.
Hay, pues, todavía vacíos en la norma, pero sobre todo en la práctica y en los hábitos de las personas que trabajan en la construcción respecto de la inclusión femenina, y todo apunta a que no habrá grandes concesiones por parte de los varones, por lo que será fruto del esfuerzo y las luchas de las mujeres el acceso a los derechos igualitarios.






