Este jueves, a propósito del Día Mundial del Test de VIH, la OMS aprovechó la ocasión para difundir la meta mundial “90-90-90”, desafío que propone que el 90% de las personas que viven con VIH sepan su diagnóstico para el 2020; que el 90% de éstas reciban tratamiento antirretroviral; y que el 90% que está siendo tratada tenga una carga viral suprimida, con lo que dejarían de ser potenciales transmisores.
Si bien en el país se han registrado avances significativos en el primer desafío, en gran medida gracias a las pruebas obligatorias de VIH realizadas a las mujeres embarazadas (que han reducido la transmisión vertical), y una menor prevalencia entre las trabajadoras sexuales; la OPS estima que en el país cerca del 30% de los infectados con VIH no lo saben. Una situación de ignorancia muy riesgosa, tanto para ellos mismos como para los demás. Pues es muy probable que mantengan relaciones sexuales sin preservativos con más de una pareja, propagando el peligroso virus. Además, cuanto antes inicien el tratamiento retroviral, tanto mejor para su salud. De allí la importancia de difundir campañas de prevención, pero también de detección.
Pero el mayor rezago se encuentra en el bajo número de infectados con acceso a retrovirales: apenas el 35%, según estimaciones de ONUSIDA. El porcentaje más bajo de Sudamérica junto con Paraguay. Hablamos de una cobertura en extremo reducida que urge incrementar, por cuanto no solo condena a la muerte a cientos de personas con VIH/sida, sino que además impide contrarrestar el avance de esta peligrosa enfermedad.






