Ayer, cuando debatíamos en WhatsApp sobre cómo los periodistas escribimos nuestras notas, surgió una pregunta llamativa: ¿se puede acortar el tiempo? Esta duda fue motiva por la siguiente frase: “El objetivo de esa norma es agilizar los procesos judiciales penales porque acortaría al máximo los tiempos de un juicio que actualmente puede durar incluso hasta 10 años”.
Los periodistas nos expresamos con algunos errores gramaticales, ortográficos y de sentido, que no los percibimos ni siquiera después de haberlos pronunciado. Las frases “acortar”, “reducir”, “maximizar”, “disminuir”, “rebajar”, “hacer más breve” el tiempo (también la distancia) se las debemos a la radio y a la televisión, gobernadas ellas por la prisa con la que vivimos ahora: “en breves instantes volvemos”, “después de la pausa breve, retornamos”, solemos escuchar.
Pero hemos confundido el uso semántico léxico de estas frases. Por caso, si en tres horas soy capaz de limpiar la sala, el comedor, el baño, los tres dormitorios de la casa y cocinar una rica sopita de maní, el tiempo no tendrá nada que ver si el día de mañana cumplo las mismas tareas en cuatro horas o más. No habré reducido (o alargado) el tiempo; habré demorado en cumplir mis deberes en ese lapso.
Todo tiene que ver con ganar o perder el tiempo. Este es una autopista en la que cumplimos nuestras ocupaciones. Una hora siempre tendrá 60 minutos. Lo que se modifica o cumple una alteración son las acciones que llevamos a cabo en ese tiempo, el cual, dicho sea de paso, es intangible y lo representamos a través de un reloj.
Respecto a “acortar el tiempo”, debemos comprender que los procesos judiciales no son tangibles. Por ello, la nota de prensa se vale del tiempo para que los lectores sepamos qué se nos narra. Pero el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) da la razón a locutores y periodistas. Su primera definición de la palabra acortar dice: “Disminuir la longitud, duración o cantidad de algo”. Para la RAE, “acortar el tiempo” es correcto, porque se trata de una locución coloquial que, por el constante uso, se ha consagrado en el habla hispanoamericana.
En muchos casos, el habla está por encima de la norma. Y cuando decimos “acortar el tiempo” lo hacemos porque nuestras vidas giran en torno a las manecillas del reloj. Sin embargo, el mencionado párrafo hubiera resultado mejor si el editor lo corregía como sigue: “El objetivo de esa norma es agilizar los procesos judiciales penales porque acortaría al máximo los plazos de un juicio que actualmente puede durar hasta, incluso, 10 años”. Entre acortar plazos y tiempos, la primera opción es más tangible. Un plazo se compone de tiempos y no al revés.






