En días recientes, un cantante y un deportista, ambos bolivianos, contribuyeron a pasar el trago amargo que nos dejó la selección tras su corta participación en la Copa América. Nos referimos, por un lado, a Leo Rosas, quien obtuvo el segundo lugar en un prestigioso concurso de canto organizado en México, tras superar a cientos de participantes de gran talento. Las palabras de elogio enunciadas por los jueces (todos ellos artistas de prestigio) sobre su participación resumen con mucha propiedad el excepcional talento y disciplina de este artista cruceño.
“Aunque tengo unos participantes a quienes quiero apadrinar por siempre y quiero que ganen, deseo para ti lo mejor esta noche, que Dios te bendiga y bendiga esa voz tan maravillosa que tienes”, le dijo por ejemplo Ricardo Montaner. “Eres maravilloso, tienes una voz encantadora, dulce, proyectas. Como dice Ricardo, tienes una voz maravillosa (…) ojalá este sea solo el principio para una gran carrera para ti”, agregó en la misma línea la cantante mexicana Belinda.
El otro boliviano que dejó en alto el nombre del país fue el tenista Hugo Dellien, quien se coronó campeón de un torneo celebrado en Milán. Es el quinto título de este tipo que obtiene el deportista beniano, hoy por hoy uno de los 100 mejores tenistas del mundo. Tanto Rosas como Dellien, entre muchos otros, ponen en evidencia que la escasez de títulos y de otros reconocimientos responde no a la carestía de talento y disciplina entre los bolivianos, sino principalmente a la falta de apoyo estatal y privado para quienes deciden dedicarse en cuerpo y alma a algún deporte o al arte en el país.






