Una cualidad innegable en las listas de candidaturas para las elecciones generales de octubre es haber asegurado la paridad y alternancia entre mujeres y hombres. Se trata de una valiosa conquista del movimiento de mujeres en el país, que hoy está reconocida en la Constitución Política del Estado (principio de “equivalencia de condiciones”) y tiene resguardo normativo.
Pese a que la paridad de género ha sido plenamente garantizada en la Ley del Régimen Electoral para todas las circunscripciones, incluidas las uninominales (la llamada “paridad horizontal”), hubo un intento fallido de algunos vocales del TSE, con disidencia de la presidenta y del vicepresidente, por burlar la paridad en las listas a senadurías. Una rápida alerta hizo que tuvieran que dar marcha atrás.
Según las listas registradas el 19 de julio por las nueve fuerzas políticas en competencia, de un total de 1.346 candidaturas titulares, hoy tenemos 684 candidatas mujeres (50,8%) y 662 candidatos hombres (49,2%). Claro que esta paridad debe vigilarse para que no sea modificada por los partidos políticos y alianzas en el proceso de sustitución de candidaturas.
Más allá de las listas, es fundamental garantizar la presencia de las mujeres en los espacios públicos de campaña, así como en la distribución de recursos partidarios para fines de propaganda electoral. Y constituye un reto para los medios de comunicación, en su trabajo informativo, alentar la vocería de candidatas, así como la difusión de la agenda desde las mujeres.






