Tiempo atrás, el Gobierno se propuso dar fin a la televisión analógica para dar paso a la digital. Estaba previsto que este “apagón” se inicie en noviembre en las ciudades del eje, y cubrir paulatinamente todo el territorio nacional hasta 2024. Sin embargo, a finales de abril se anunció una prórroga ante la imposibilidad de algunos canales de concretar esta transformación tecnológica, sin detallar cuánto tiempo más durará la transición.
Más allá de esta postergación, resulta evidente que los televisores analógicos tienen los días contados en el país, tanto por el “apagón” impulsado desde el Ejecutivo, pero también y sobre todo por las tendencias del mercado y de la tecnología. Situación que a su vez conlleva el desafío de descartar y reciclar los televisores analógicos de manera adecuada, como bien advierten los expertos.
Y es que, no sobra recordar, estos aparatos contienen metales pesados como plomo, bromo y fósforo. Sustancias que pueden resultar muy dañinas para el medio ambiente, especialmente si se los descarta cerca de corrientes de agua, y para la salud de las personas y de los animales. Esto porque producen daños severos en los riñones y en el cerebro, y son altamente cancerígenas.
Por todo ello, ante el previsible descarte masivo de estos aparatos (que se va a suscitar más temprano que tarde), urgen políticas públicas que garanticen el recojo y el traslado de esta basura electrónica hacia centros que cuenten con la tecnología necesaria para reciclarlos de manera adecuada. Los cuales hoy por hoy, dicho sea de paso, solamente existen en países del exterior.






