En un ejercicio de amplitud democrática, los medios de difusión han estado dando similar cobertura a cinco de los nueve partidos políticos que van a participar en las elecciones de octubre; los cuales, según las encuestas conocidas hasta ahora, no llegarían a obtener el porcentaje mínimo de votos (3% del total de sufragios válidos) que estipula la Ley de Organizaciones Políticas para poder conservar su personalidad jurídica.
En este debate sobre los resultados de las encuestas electorales, que retorna a la palestra pública cada vez que se difunden, una de las pocas certezas compartida por la mayoría de los sondeos es que estos cinco partidos podrían dejar de existir luego de las elecciones del 20 de octubre; con el matiz de que el Movimiento Tercer Sistema (MTS) podría conservar mantenerse en carrera. Por supuesto, esta posibilidad es negada por los voceros de estos partidos cuando se les pide referirse a las encuestas, a las que usualmente terminan desacreditando. Esto se ha vuelto ya un lugar común entre ellos y, por tanto, un discurso manido y cansino sobre el tema.
Es lógico que un partido político no batalla en las lides electorales con la expectativa de perderlo todo, o al menos, por razones estratégicas, no maneja esta posibilidad discursivamente como una certeza. Pero también es cierto que no se puede participar en una carrera electoral dándole la espalda a los datos de los sondeos; los cuales además de contribuir a la hora de medir la opinión pública (o en su peor versión, incidir sobre ésta), resultan invaluables al momento de mantener el curso o redireccionar la campaña electoral de los partidos políticos.
No obstante, a reserva de cómo estos “partidos chicos” manejan el discurso sobre las encuestas, y más allá de que los resultados de octubre podrían reconfigurar el sistema de partidos políticos del país, lo cierto es que estas organizaciones están dando de qué hablar a través de sus polémicos discursos, ya sea en clave de posturas o de propuestas. Eso también es, de alguna manera, lógico, pues se entiende que estos excesos discursivos se deben precisamente a la certeza de que si un determinado desempeño electoral no es óptimo, cualquier incursión en un espacio mediático podría mejorarlo. Esto asociado a la idea de que una manera de “hacer agenda” (estar en los medios, dar de qué hablar) es precisamente la polémica.
Al respecto nos queda la certeza de que, a tono con las corrientes conservadoras mundiales, el campo elegido por algunos de estos “partidos chicos” para polemizar es el del pensamiento/discurso progresista. Es posible que sea prudente no sumarse al coro que, desde medios y redes sociodigitales, repudia desaforadamente estas posturas/propuestas polémicas, porque precisamente podría estar alimentando esta supuesta estrategia; pero también es importante dejar claramente sentado que esa intentona discursiva implica un terrible retroceso en los avances democráticos que estos últimos años han significado la garantía y ampliación de derechos para mujeres y para la población LGBTI.
* Comunicadora. Twitter: @verokamchatka






