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Siliconas y autoridad moral

Nuestro panorama se ha vuelto de una miseria moral apabullante

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Por Édgar Arandia Quiroga
/ octubre 26, 2019
en Voces

Hace casi un siglo, un presidente boliviano escribió: “Amo demasiado la verdad y la Justicia para ser un buen político. Confieso haber hecho en política un perfecto papel de bobo”. Así, Daniel Salamanca sellaba su destino en 1921, y su autoridad moral y relumbraba ante el desmoronamiento ético de la oligarquía boliviana, que ya no tenía posibilidad de un recambio. Salamanca tuvo la enorme responsabilidad de sobrecargar la Guerra del Chaco, así como la estenosis al píloro que le hacía tormentosa la ingesta de alimentos. Podíamos decir que casi fue presidente de Bolivia por la fuerza de su autoridad moral, junto con una impecable vida intelectual. Ambas virtudes encajadas en la humanidad de un hombre frágil y de iracundia frecuente.

Ahora no tenemos la posibilidad de encontrar un hombre símbolo que encarne estas virtudes. Nuestro panorama se ha vuelto de una miseria moral apabullante. El escenario postelectoral nos devela esto. Una parte importante de la población votó en contra de la corrupción, del autoritarismo y del abuso, encarnados en el presidente Evo. Y eso también desató el adormilado racismo que estaba oculto en un recoveco de la frustración de la clase media. “El campo está vacío, este indio les ha dado plata para que los campesinos se vuelvan micreros, ya no siembran nada…”. La anterior es una de las frases que escuché varias veces.

Las batallas campales en el Plan 3000 de Santa Cruz no se dieron en contra del masismo, sino contra los collas, los cuales, según un grupo de exaltados, les “quitan trabajo”; por lo cual piden “que se vayan”. Los discursos regionalistas y fascistoides del presidente del Comité Pro Santa Cruz no respaldaban la defensa de la democracia, sino apelan (hasta ahora) a los miedos atávicos que produce una invasión para apuntar al oficialismo como la punta de lanza.

Después del conteo final, casi todos los candidatos se injertaron silicona en sus partes más débiles, con el propósito de enviar un mensaje y vender su producto político. Así, el presidente Evo mostraba su rostro marcado por la trasnoche, acompañado por un discurso entre el lamento y la amenaza, intentándose mostrar humilde. Mesa apeló al “carajo” para hacerse al machu machus y cambiar su imagen de dubitativo y vacilante. Ortiz apareció con su estampa de capellán salesiano como un ave conciliadora. Chi, la versión coreana-boliviana de Bolsonaro, no cambió de marca: conservador, homofóbico, militarista y desubicado… desaparecerá como apareció.

Las primeras demostraciones públicas del descontento por un supuesto fraude han sido masivas y heterogéneas. A medida que los días pasan, las zonas de La Paz, por su composición social, han ido decantándose. Así, la zona Sur estuvo mejor organizada. Entretanto, en los barrios populares parecía que la población estaba indiferente. Pero no era eso: la aparición en el Comité Nacional de Defensa de la Democracia (Conade) de Samuel Doria Media, los mensajes de Manfred Reyes Villa y Carlos Sánchez Berzaín ocasionaron un quiebre súbito. El pasado viernes, universitarios de Ingeniería y Medicina de la UMSA recorrían El Prado de La Paz.

Entretanto, en el Megacenter de la Av. Arce señoritas con banderas bolivianas se refrescaban con un capuchino y contaban sus peripecias como si se tratase de un tour de aventuras. Y en la plaza San Francisco, los militantes masistas estaban preocupados por obtener una ficha para mostrar su fidelidad al jefe, so pena de perder la pega.

La oposición ansiaba que la UPEA de El Alto bajara con toda su virulencia y su arsenal ancestral. No sucedió, porque estudiantes y docentes consideran que serían utilizados por los gobernantes que los masacraron en octubre de 2003. Una horrible acción estratégica de la oposición que develó su total falta de autoridad moral a la hora de mostrarse.

Para no hacer el papel de bobos, debemos exigir autoridad moral en los políticos. Pero eso, por ahora, es imposible. Acostumbrados como estamos a estas lides, como parte de una generación que resolvía los problemas políticos en las calles (ya sea a pedradas o a tiros), salimos a ver qué estaba pasando, para comprobar un dato sobre las distintas versiones. También es cierto que en estas reyertas y enfrentamientos de calibre grueso siempre llevábamos la peor parte, mientras los politiqueros se aprovechan de la sangre ajena y escalan puestos ejecutivos sin que les cueste una gota de sangre.

* Es artista y antropólogo.

en tendencia: AutoridadBoliviaEleccionesmoralSiliconas

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