En lo que va del año se han registrado 68 casos de rabia canina en el país, la mayoría en Santa Cruz (un tercio del total). Si bien esta cifra representa un avance respecto a los 298 casos de rabia canina registrados la gestión anterior (77% menos), aún resta mucho por hacer en esta materia, más aún tomando en cuenta que días atrás una mujer murió por causa de esta enfermedad, después de casi dos años sin contagios de rabia humana.
La muerte de esta mujer pone de relieve la necesidad de implementar campañas que alerten a la población sobre la importancia de acudir a un centro de salud no solo en caso de ser atacados por un perro o un gato, sino también cuando conviven con mascotas que fallecen con signos de hidrofobia, ya que los animales infectados con rabia no siempre se tornan agresivos y basta tener contacto con su saliva para contagiarse.
Por otro lado, no sobra recordar que la elevada incidencia de rabia canina deviene no tanto por las limitaciones del sistema de vacunación antirrábica, sino sobre todo por la proliferación de perros en las ciudades del país. Por ejemplo, en El Alto se estima que existen más de 250.000 perros. Muchos de los cuales, a pesar de tener dueños, deambulan por las calles en busca de comida y agua, sufriendo frío y accidentes, contrayendo y diseminando enfermedades. Y lo propio ocurre en mayor o menor medida en el resto de las ciudades del eje. De allí la importancia de implementar no solo campañas de vacunación antirrábicas, sino también políticas públicas que combatan la proliferación de perros y gatos en las urbes del país.






