El fin de semana, Uruguay dio a la región un excelente ejemplo de la prudencia, respeto y transparencia que deben primar en una elección presidencial. Además de la ausencia de conflictos y actitudes de intolerancia durante la jornada electoral, lo que más llamó la atención fue la propositiva y conciliadora reacción de los candidatos y de los militantes en general frente a la estrecha paridad que se mantuvo hasta el último minuto entre los dos contendientes: Daniel Martínez, del oficialista Frente Amplio, y Luis Lacalle Pou, del opositor Partido Nacional.
Si bien los primeros resultados en boca de urna, en concordancia con los sondeos realizados antes del balotaje, apuntaban a Lacalle Pou (46 años) como el ganador, éste no se adelantó a proclamar su triunfo, e incluso pidió a sus bases esperar los resultados oficiales. Los cuales se difundieron a las 23.00. Un poco más tarde de lo previsto, porque la Corte Electoral se manifestó solo después de tener el 100% de las actas escrutadas, debido al estrecho margen de diferencia entre el primero y el segundo: apenas 28.700 votos (el 1,24%) en favor de Lacalle.
Empero, al ser el número de sufragios observados (34.600) mayor a esta diferencia, el ente electoral aclaró que iba a anunciar al ganador, en estos días, luego de realizar un conteo para verificar los votos observados. Una decisión más que prudente que no fue cuestionada por nadie y que no desató ningún conflicto. Poniendo de paso en relieve la imperiosa necesidad de que una Corte Electoral no solo deber ser sin tacha, sino que además debe parecerlo ante los ojos de la ciudadanía.






