Cualquiera que haya visitado las calles de El Alto habrá reparado que en muchos postes cuelga un muñeco de tamaño humano como amenaza de linchamiento para posibles delincuentes. Esta macabra advertencia refuerza el estereotipo de ciudad violenta e insegura. Cambiar esa imagen pasa por devolver a las personas la sensación de seguridad. Un proyecto de alarmas vecinales cumple ese propósito.
Iniciado en 2015, el proyecto consiste en instalar alarmas en lugares estratégicos de la ciudad que sirvan, además de alertar y requerir la presencia de la Policía, para disuadir a potenciales criminales de no arriesgarse, y a los propios vecinos de no tomar el castigo en sus manos. Estas alertas se activan con un mando a distancia llamado “llavero”, y en cada barrio hay decenas de ellos en manos de las y los vecinos para cada alarma. Asimismo, están debidamente registrados y georreferenciados para evitar su mal uso.
De los 14 distritos y poco más de 600 barrios de la muy extensa urbe alteña, cinco han sido dotados hasta ahora de las alarmas vecinales, en números que se distribuyen según densidad y extensión de la zona. El Secretario Municipal de Seguridad Ciudadana del Gobierno Municipal explica que “no se trata de poner alarmas en todas las esquinas, sino en lugares estratégicos”. En total, funcionan 390 alarmas vecinales en 36 barrios de los distritos 2, 4, 5, 6 y 7; y 9.688 personas tienen los “llaveros” para activarlas cuando sea necesario.
Para este año se tiene previsto instalar otras 51 alarmas, que serán distribuidas en nueve barrios de los distritos 1, 4, 5, 6, 7 y 12. Sin embargo, el presidente de una de las tres federaciones de juntas vecinales de esa ciudad opina que donde más falta hacen es en las zonas periurbanas y en los barrios de reciente creación; y agrega que los distritos 8 y 13 son los que más necesitan este ingenio tecnológico.
Para la selección de los vecindarios dónde instalar el dispositivo de seguridad ciudadana se toman en cuenta un estudio del Gobierno Municipal, las necesidades identificadas, coordinación con la Policía, y la existencia de un módulo policial próximo. En El Alto hay 85 módulos y es muy probable que la Policía carezca de suficientes recursos para cubrir toda la mancha urbana alteña.
Por los números, es evidente que el plan, el cual ha demandado hasta ahora una inversión de Bs 6 millones, todavía está en fase inicial, ya que la extensa ciudad requiere cientos de alarmas más y, sobre todo, más policías dotados del equipamiento necesario para hacer su trabajo siquiera con un mínimo de eficacia. No se trata de una tarea sencilla y es probable que su materialización demande todavía varios años más, por lo que hace falta convertirla en una política pública antes que tratarla como la implementación de obras de una gestión particular. Pues de lo que se trata, en palabras del jefe alteño de seguridad ciudadana, es de “bajar ese muñeco linchado y colocar una alarma vecinal”.






