Con la promulgación de la Ley 1297 de Postergación de las Elecciones, el país parecía haber ingresado a una etapa de certidumbre respecto de la fecha de realización de la elección presidencial, tanto así que incluso habiendo admitido un recurso de nulidad, el Tribunal Constitucional señaló que el plazo definido se mantenía. El fin de semana, el Movimiento al Socialismo (MAS) decidió cambiar ese estado de cosas.
En efecto, gracias a la mayoría que todavía conserva en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), el MAS no solo aprobó, sino también promulgó en tiempo récord una norma destinada a fijar la fecha de las elecciones generales, postergadas a causa de la pandemia por el COVD-19, y ampliar el mandato de las y los legisladores, así como de la Presidenta interina y su gobierno.
Todas las demás fuerzas políticas con interés en esa elección, particularmente la que sustenta a la Mandataria transitoria, se manifestaron en contra de la fecha sugerida en la norma (el primer domingo de agosto), asegurando que dadas las condiciones de la pandemia era muy riesgoso reunir a la población votante en los recintos electorales.
Únicamente el Tribunal Supremo Electoral (TSE) conservó la calma y la institucionalidad, y su Presidente afirmó que el Órgano Electoral cumplirá la ley tal como está, a menos que hubiera otra norma interpretativa que fije un nuevo diferimiento del acto electoral. Explicó también que no hace falta un nuevo calendario electoral, sino que se reanudarán las actividades en el punto que se suspendieron en marzo pasado, cuando se esté dentro del plazo fijado.
Jugó también en contra de la posición de quienes se oponen a la fecha fijada en la Ley 1297 que, con ocasión de normar la suspensión paulatina de la cuarentena que tuvo al país en pausa durante 10 semanas, se dispuso la celebración de actos religiosos en templos y ambientes similares. La reacción lógica fue: si se puede ir a la misa o al culto, ¿por qué no a actividades culturales o a los recintos electorales?
Pero finalmente, cuando todo hacía parecer que las y los bolivianos acudirían a las urnas en la fecha prevista, el expresidente y jefe de campaña del MAS, Evo Morales, anunció el fin de semana, mediante Twitter, que su partido está considerando diferir la fecha de elecciones si fuese necesario por la situación sanitaria. En el gesto del exmandatario se percibe no solo un evidente cuanto previsible cálculo político, sino sobre todo el ejercicio de una iniciativa política que su partido todavía conserva en buen estado.
Toca a las y los representantes políticos debatir si se posterga o no la elección y hasta cuándo. Quienes se opusieron a la fecha fijada en la norma promulgada el 30 de abril tienen la ocasión de negociar una nueva, solo que esta vez a sabiendas de que lo que decidan, aparentemente, beneficiará al partido echado del gobierno en noviembre de 2019.






