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Foucault

Cuando a Michel Foucault le preguntaron ¿cómo quisiera que se lo llame, filósofo, historiador, pensador?, él respondió: «soy una artificero, fabrico algo que sirve para hacer un cerco, una guerra, una destrucción». En otra entrevista, cuando le preguntaron si era o no marxista, Foucault señaló: “creo haber sido localizado una tras otra, y a veces […]

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Por Farit Rojas Tudela
La Paz / julio 27, 2020
en Voces

Cuando a Michel Foucault le preguntaron ¿cómo quisiera que se lo llame, filósofo, historiador, pensador?, él respondió: «soy una artificero, fabrico algo que sirve para hacer un cerco, una guerra, una destrucción».

En otra entrevista, cuando le preguntaron si era o no marxista, Foucault señaló: “creo haber sido localizado una tras otra, y a veces simultáneamente, en la mayoría de las casillas del tablero político: anarquista, izquierdista, marxista ruidoso u oculto, nihilista, antimarxista explícito o escondido, tecnócrata al servicio del ‘gaullismo’, neoliberal. Un profesor americano se lamentaba que se invitara a los Estados Unidos a un criptomarxista como yo, y fui denunciado en la prensa de los países del Este como cómplice de la disidencia. Ninguna de estas características es por sí misma importante; su conjunto, por el contrario, tiene sentido. Y debo reconocer que esta significación no me viene demasiado mal”.

¿Por qué esta obsesión de clasificar a Foucault? Tal vez porque lo que decía resultaba incómodo. Foucault nos enseñó que nunca hay que dar nada por definitivo, pues cuando nos empezamos a instalar cómodamente en la seguridad de una verdad (clara, segura y evidente) es en ese momento en el que nuestra capacidad de pensar corre mayor peligro. Tener certezas es un síntoma de que dejamos de pensar, pues lo propio del pensamiento vivo es cambiar de pensamiento. Las personas tienden a abrazar una verdad cuando se cansan de pensar, cuando encuentran la comodidad que otorga el lugar común de repetir lo que piensan los demás, y si es necesario mentir y engañar para quedarse en ese cómodo lugar, por supuesto que lo hacen.

Cada determinado tiempo regreso a Foucault, no solo para escribir sobre él, o dar alguna clase o curso sobre su obra, sino para recordar que la contradicción es la fuerza del pensamiento.

Foucault murió en París el 25 de junio de 1984, pero pese a que ya no esté en este mundo, aún sigue publicando. Siguen saliendo a la luz, cursos y libros inéditos. Hace un año atrás se lanzó al público la traducción al español del inédito Historia de la sexualidad, tomo 4: Las confesiones de la carne, este año se prevé la publicación del curso sobre Sexualidad de 1964 en Clermont-Ferrand, y el curso sobre El discurso de la sexualidad en la Universidad de Vincennes en 1969. Pero tal vez el texto más importante que aún falta publicarse sea el de curso 1971-1972 en College de France, titulado Teoría e instituciones penales, con el que comienza sus investigaciones sobre el Derecho como dispositivo de poder para la producción de discursos de verdad. Se trata del comienzo de un recorrido que terminará en la publicación del libro Vigilar y Castigar en 1975. Foucault no pierde actualidad, porque es un autor que nos invita a pensar.

Farit Rojas es abogado y filósofo.

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