Todos los meses de octubre en la ciudad de Wagrain (Austria) se celebra la conferencia anual de la Sociedad por la desaceleración del tiempo. Es el lugar donde se reúne el movimiento Slow, que tiene un principio de declaración: la lentitud es bella.
Para entender a este movimiento vayamos al otro extremo. En el Japón se denomina karoshi a la muerte por exceso de trabajo. Una de las víctimas más famosas de la karoshi fue Kamei Shuji, un agente de bolsa que trabajaba 90 horas a la semana. Su empresa pregonaba su hazaña en boletines y textos de adiestramiento, era el ejemplo a seguir. Puntual, sin familia ni distracciones y por sobre todo acelerado. Shuji murió de karoshi a los 27 años, le dio un ataque cardiaco por concentrar tanta tensión y trabajo.
El movimiento Slow denuncia esta aceleración del tiempo en nuestra forma de vida, por ejemplo, la prisa que tienen los fabricantes de software que sacan sin las pruebas necesarias las nuevas versiones de programas que luego registran una serie de fallos técnicos justamente porque muchas cosas no deben hacerse a un ritmo tan acelerado. Continuando con las nociones de lectura veloz, comida rápida, fast thinkers, la aceleración del tiempo se ha convertido en una mercancía que está causando mucho daño a la humanidad.
Para el movimiento Slow esta tendencia a acelerar el tiempo vivido es el resultado del capitalismo industrial que se alimenta de la velocidad de los trabajadores desde el siglo XIX, y es que a mayor velocidad el consumo se encuentra garantizado.
El movimiento Slow propone la noción de tempo giusto, un concepto musical que quiere decir el tiempo adecuado. En este sentido, cada ser vivo, cada relación, proceso u objeto tienen su propio tiempo, el ser humano debe buscar este equilibrio en su vida cotidiana para hacer las cosas a su debido tiempo y con su debida aceleración. El movimiento Slow propone llevar esta idea a cosas tan básicas como el sexo, la lectura, la comida. ¿Tiene sentido leer a Stieg Larsson o a Bolaño aplicando lectura rápida, hacer el amor en la mitad de tiempo normal, o cocinar todas las comidas con un microondas? La respuesta es sin duda no.
En materia política el tiempo puede ser concebido como la medida de la legitimidad, hay medidas que deben tomarse rápidamente, pero otras que deben de sopesarse lentamente. Una decisión equivocada más que acelerar el tiempo político, lo restringe, lo limita y la legitimidad que se logró para mantener la estabilidad necesaria para un buen gobierno se contrae y empieza la crisis. La lección de la lentitud es sencilla: recuperar intensamente el presente y evitar su captura por el pasado o por el futuro. El vivir a destiempo es una falta de contacto con la realidad, una factura muy cara para la política y para nuestra vida cotidiana.
*Farit Rojas T. es abogado y filósofo






