Dentro de la política nacional para el desarrollo integral de las ciudades, la ONU Habitat presentó el Primer reporte del estado de la prosperidad de las ciudades de Bolivia. Es un documento muy importante, ejecutado con solvencia profesional, e impecablemente presentado, que desarrolla las líneas establecidas por ese organismo para evaluar la prosperidad de las ciudades en todo el orbe. Como se trata de un documento de suma importancia, éste debe ser conocido por los profesionales del rubro y la ciudadanía en general. Por ello, haré sucesivos comentarios a tan significativo documento para conjugar aportes constructivos (aportes que, además, se promueven en el texto para construir nuevos índices extendidos o contextuales de la Ciudad Próspera).
En esta nota reflexionaré sobre el concepto base que se aplica universalmente para medir la Prosperidad de las Ciudades (el llamado índice CPI), porque es un tema de múltiples interpretaciones. Es una inquietud que no impugna el objetivo principal del estudio que es: lograr “una herramienta estratégica dirigida a los niveles de gobierno y la sociedad para que las administraciones puedan tomar decisiones y definir políticas públicas basadas en evidencia”. Pienso que el término prosperidad es complejo de estandarizar. ¿Cómo podemos igualar la prosperidad urbana de una ciudad colla, con una de Noruega, o con una ciudad argentina llena de blanquiñosos llegados en barcos? Según la ONU, la prosperidad se puede englobar en seis variables: Productividad, Infraestructura para el desarrollo, Calidad de vida, Equidad e inclusión social, Sostenibilidad ambiental, Gobernanza y Legislación urbana. Todos temas capitales y muy preciados en la mentalidad del planificador urbano o regional. Pero, ¿por qué no se incluyen componentes claves de este tiempo como la dimensión cultural? Dicho en términos coloquiales: ¿cómo entiendo mi prosperidad urbana? ¿cómo la entiende el vecino que se farrea en pandemia en la fiesta patronal?, o ¿cómo entiende la prosperidad urbana el contrabandista y acaudalado dueño de un cholet? Comprendo, pero no comparto, la línea conceptual de estos estudios que nacen de esa visión estadística, planificadora y reductora de los aspectos multidimensionales de lo urbano.
Conocer nuestra casa mayor es vital. Los gobiernos no pueden legislar ni ordenar el caos vital que todos construimos más allá de las voluntades planificadoras porque, hasta el día de hoy, las cifras ocultan al ser humano, los planos y los esquemas ocultan las dimensiones culturales que, pienso, son la llave de nuestro futuro.
Carlos Villagómez es arquitecto.






