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FSTMB: gloriosa e histórica

La actividad minera es tradicional en Bolivia, sus actores han sido los mitayos, los khajchas, los apiris, indígenas convertidos en mineros. El imperio español y toda Europa se engrandecieron gracias a las minas y al indio. La industria de los “señores de la plata” y luego de los “barones del estaño” creó otro tipo de […]

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Por José Pimentel Castillo
TRIBUNA
La Paz / junio 20, 2021
en Voces

La actividad minera es tradicional en Bolivia, sus actores han sido los mitayos, los khajchas, los apiris, indígenas convertidos en mineros. El imperio español y toda Europa se engrandecieron gracias a las minas y al indio.

La industria de los “señores de la plata” y luego de los “barones del estaño” creó otro tipo de trabajador, el proletario, cuya relación con el patrón era el salario e incentivos para la permanencia en la mina: la vivienda, la pulpería, la escuela, el cine y la cancha de fútbol.

En ese espacio los mineros se formaron como clase. La lucha por mejoras les llevó a descubrir el mundo de la minería. La nueva tecnología puesta en sus manos era capaz de horadar montañas y procesar el mineral. El valor de cambio creado de un recurso natural por la acción de las máquinas y la fuerza de trabajo era enorme, como insignificante el costo laboral y social con que retribuían al obrero. Vieron a las empresas poner gobiernos y eludir obligaciones tributarias y sociales, mientras creaban su imperio en el extranjero, con minas, fundiciones, industrias y bancos.

La Guerra del Chaco cambió el escenario. Una fiebre patriótica movilizó a los bolivianos a defender el petróleo, los mineros fueron liberados de servir a la Patria, sus brazos eran necesarios para mantener la guerra, en realidad para garantizar las ganancias de los barones del estaño, que donaron dos aviones y facilitaron empréstitos, un negocio en medio de la tragedia. La derrota trajo el nacionalismo y la justicia social: se nacionalizó el petróleo, se dictó el Código del Trabajo, se impuso la entrega por el sector exportador de las divisas al Estado; semejante osadía provocó el crimen-suicidio del héroe Germán Busch.

La II Guerra Mundial nos ponía en pie de guerra, aliados con los Aliados, obligados a la provisión de estaño; la inflación creada por la guerra redujo los salarios; el pedido de un aumento salarial en Catavi fue ahogado en sangre un 21 de diciembre de 1942. La respuesta fue el golpe de Villarroel, que convocó al primer congreso indigenal y se creó la Federación de Mineros, el 11 de junio de 1944.

Derrocado Villarroel (1946), el movimiento minero se echó a andar independientemente. En el sexenio se ganó el título de vanguardia, el Bloque Minero Parlamentario denunció la acumulación de riqueza por los Barones: el saqueo se compensaba con un 3% del valor de exportación, mientras la prepotencia y la miseria rondaban en los campamentos mineros; su voz fue expulsada del parlamento. La lucha social no amainó, se fue creando formas de lucha conspirativas, las masacres de Potosí y Siglo XX en 1949 son testimonio. La organización se fortalecía con la democracia obrera. Pese a la represión cada año hacían sus congresos donde se ratificaba a la dirigencia histórica y se reiteraba la lucha contra la oligarquía minero-feudal.

En la insurrección del 9 de abril de 1952, el proletariado minero en El Alto y San José definió la batalla, mérito para imponer la nacionalización de las minas. La nacionalización integraba toda la cadena productiva minera, bajo la dirección de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) y el Control Obrero. Esta medida trajo el cerco internacional, el sabotaje, estudios técnicos pesimistas, la división de algunas organizaciones sindicales, trabas burocráticas y todas las mañas inventadas para mantener privilegios. De 1952 a 1964 la lucha fue entre el espíritu y la letra del nacionalismo revolucionario.

En mayo de 1965 se inició la desnacionalización de las minas. La dirección de la Comibol, en manos extranjeras, ordenaba a los generales gerentes: impuso la supresión de los sindicatos, la rebaja de sueldos y salarios, la anulación del Control Obrero; los campamentos fueron declarados zonas militares. Se desmembró a la Comibol; la exploración lo haría Geobol; la fundición, ENAF, se le impuso socios para pignorar sus yacimientos.

La defensa de las minas tenía como requisito derrotar a la dictadura. Se encaminó la lucha minera: la apertura democrática (1969-1971), la huelga de hambre de las mujeres mineras (1978), resistencia contra los golpes de Natusch y de García Meza. La huelga de Huanuni de noviembre de 1981 dio paso a la vigencia sindical y el derrumbe de la dictadura. Estos fueron algunos de sus aportes a la democracia.

La democracia liberal impuso un sistema de partidos políticos excluyente. Con el voto, después del desastre de la UDP, vino la ofensiva contra el proletariado minero. El DS 21060 destruyó la empresa estatal y al movimiento minero, dejando la actividad económica a la ley de la selva, sálvese quien pueda. Destruyó el ser nacional e incubó el individualismo.

Los trabajadores mineros llenaron páginas de la historia; superaron el gremialismo y su orientación política incidió en el país. La nueva Constitución Política del Estado Plurinacional recupera la larga memoria de nuestras luchas. Urge el patriotismo, la lucidez, el heroísmo del sujeto histórico.

José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.

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