La idea de “raza” es un invento moderno. Antes del denominado “descubrimiento de América” no parece que existiese una idea operadora de diferencia racial. Si bien las crónicas europeas de antiguos viajeros señalan anotaciones sobre el tono de piel, la textura y color del cabello y de los ojos, no se registra interés alguno por generar una idea que sirva para clasificar a los seres humanos conforme a sus rasgos físicos. Asimismo, su etimología es confusa, pues sugiere que puede provenir del latín radix o ratio (término usado para clasificar), o del término árabe ra’as (cabeza u origen); sin embargo, su uso y aplicación es relativamente reciente. En inglés, por ejemplo, el vocablo race (raza) apareció en el siglo XVI, derivado del francés race o del italiano razza. El término germano rasse aparece en Alemania recién en 1791.
Los primeros usos del término “raza” en español permiten entender a esta palabra como sinónimo de religión, sobre todo, después de la inquisición española (siglo XVI), cuando la raza popular no era otra que la judía. De este uso específicamente clasificatorio, pero ante todo violento, es que empiezan a generarse las condiciones para entender a “raza” como un criterio de división y clasificación del género humano, tarea que en el fondo volvió al ser humano en cosa y mercancía.
Marx, en una carta de 1882 dirigida a Engels, señala que es posible encontrar el origen de la lucha de clases en la guerra de religiones y razas que mencionan los historiadores franceses. En ese sentido el peruano Aníbal Quijano consideraba que el abuso colonial europeo generó, no solo en América Latina, sino en una buena parte del mundo, una división racial del trabajo. Junto a Quijano, Walter Mignolo y Enrique Dussel, entre otros, consideran que la invención de la categoría “raza” fue producto de la constitución subalterna de la América india y del tráfico de esclavos. Nunca antes el ser humano había sido explotado, abusado y muerto como resultado de una categoría operadora de distinción.
El uso común de “raza” se instaló en el siglo XX para calificar la cantidad de melanina en la piel (es decir el color de la piel). Sin embargo, la biología contemporánea considera que es tan absurdo calificar de raza a los portadores de diferentes cantidades de melanina como lo sería asignar una raza a las personas de estatura baja o de nariz aguileña. Es tan absurdo, que los bajitos y narigones deberían, en todo caso, disputar un espacio en la clasificación racial.
La CPE boliviana no hace referencia a la categoría “raza” en su articulado, es decir, la ha eliminado de su narrativa. La única referencia parecida se encuentra en el preámbulo y en el artículo 255 que refieren y proscriben el racismo, es decir el uso de la categoría “raza” como una forma de discriminación.
Farit Rojas T. es abogado y filósofo.






