Hace cinco años, Luo Huazhong descubrió que disfrutaba no hacer nada. Renunció a su trabajo como obrero en una fábrica en China, viajó poco más de 2.000 kilómetros desde la provincia de Sichuan hasta el Tíbet y decidió que podía pagar las cuentas con trabajos poco comunes y $us 60 al mes de sus ahorros. Llamó a su nuevo estilo de vida “estar acostado”. “Me he estado relajando”, escribió Luo, de 31 años, en una publicación de blog en abril, en el cual describe su modo de vida. “No siento que haya algo malo”.
Tituló su publicación Estar acostado es justicia y adjuntó una fotografía de él mismo acostado en su cama en un cuarto oscuro con las cortinas cerradas. Después de poco tiempo, la publicación era festejada por los milénials chinos como un manifiesto anticonsumista. “Estar acostado” se hizo viral y desde entonces se ha vuelto una declaración más amplia sobre la sociedad china.
Hace una generación, la ruta al éxito en China era trabajar arduamente, casarse y tener hijos. El autoritarismo del país era visto como una compensación justa a medida que millones salían de la pobreza. Sin embargo, dado que los empleados trabajan más horas y los precios de la vivienda se elevan más rápido que los ingresos, muchos jóvenes chinos temen que serán la primera generación en no lograr más que sus padres. Ahora desafían la narrativa de larga data de prosperidad del país al rehusarse a participar en ella.
La publicación de blog de Luo fue eliminada por los censores, quienes la vieron como una afrenta a las ambiciones económicas de Pekín. Las menciones de “estar acostado” (tangping, como se le conoce en mandarín) están gravemente restringidas en el internet chino. Una contranarrativa oficial también ha surgido y alienta a los jóvenes a trabajar duro por el bien del futuro del país.
Acostarse significa no casarse, no tener hijos, mantenerse desempleado y abstenerse de deseos materiales tales como una casa o un auto. Es lo opuesto a lo que los líderes chinos han pedido a su pueblo. Mientras que muchos milénials chinos continúan adhiriéndose a la ética de trabajo tradicional del país, “estar acostado” refleja tanto un movimiento contracultural naciente como un rechazo al ambiente de trabajo hipercompetitivo de China.
Luo decidió escribir sobre tangping después de que vio a personas discutir de modo acalorado los resultados más recientes del censo de China en abril y llama al país a abordar una crisis demográfica en ciernes por tener más bebés.
“Aquellas personas que dicen que estar acostado es vergonzoso no tienen vergüenza”, dijo. “Tengo el derecho de elegir un estilo de vida tranquilo. No hice nada destructivo a la sociedad. ¿Tenemos que trabajar 12 horas al día en un taller de miseria y eso es justicia?”.
Luo nació en el condado rural de Jiande, en la provincia oriental de Zhejiang. En 2007, abandonó un bachillerato vocacional y comenzó a trabajar en fábricas. Un trabajo que involucraba turnos de 12 horas en una fábrica de neumáticos. Para el fin de la jornada, sus pies estaban llenos de ampollas, dijo.
En 2014, encontró trabajo como inspector de producto en una fábrica, pero no le gustó. Renunció después de dos años y tomó trabajos de actuación ocasionales para poder pagar las cuentas (como en 2018, cuando interpretó a un cadáver en una película china al, por supuesto, estar acostado).
En la actualidad, vive con su familia y pasa sus días leyendo filosofía y noticias, así como haciendo su rutina de ejercicio. Dijo que era un estilo de vida ideal, que le permite vivir con lo esencial así como “pensar y expresarse con libertad”. Alienta a sus seguidores, quienes lo llaman el Maestro de Estar Acostado, a que hagan lo mismo.
Elsie Chen es columnista de The New York Times.






