A la humanidad futbolera le interesaba que a Lionel Messi le llegara el día de alcanzar la felicidad sin límites, después de tantos años de maravillarnos con sus genialidades. Esa felicidad añorada como una retribución en forma de trofeo capitaneando la selección argentina, es el premio a una trayectoria que ha llenado lo ojos y los corazones de quienes apreciamos el juego antes que el resultado, la sociedad de pases perfectos y asistencias, antes que el gol, el diálogo entre compañeros antes que la interna de quién es más competitivo para ganarse la titularidad en cada partido.
Rendidos todos ante la evidencia de que ganar es la última consecuencia de jugar de una determinada manera, Argentina consiguió invertir el orden de las prioridades tácticas: Asociar a Messi con todos, ponerlo a disposición de sus muy jóvenes compañeros, y ya no más que estos jugaran dependiendo de su inspiración. De esa manera, Lionel Scaloni, el subestimado seleccionador de la celeste y blanca, hizo de esa conexión, con la lucidez de un conocedor de la táctica, un ida y vuelta perfecto de dar y recibir, de combinación entre las profundas causas colectivas y el talento personal para sacar de la galera alguna expresión inesperada que garantizara calidad y triunfo.
Messi es el más futbolista de los grandes de la historia en el sentido de su vocación lúdica, de esa ilusión que no pasa por la codicia, sino por ese primigenio sentido humano de inventar con una pelota trayectos bañados de pasión con destino a la plenitud. Luego de perseverar sin rendirse, celebra el título que le faltaba, y que consigue frente a la Verde Amarilla de Neymar, a la que acaba de asestarle un maracanazo de nuevo siglo.
Argentina y Messi han obtenido la Copa América 2021 bajo su iluminada conducción que quedará tatuada en la historia de las grandes gestas. Se lo merece con creces, después de todos estos años de habernos sacado con puntualidad semanal de la rutina y el tedio. No fue simple y llanamente una final. Se trató del capítulo que le faltaba a su incomparable historia, y que nos permitió, desde el sábado 10 de junio, ser testigos de una sonrisa que no le conocíamos.







