El 27 y 28 de agosto se realizó en la ciudad de Oruro la cumbre productiva del departamento. Fue el presidente Luis Arce Catacora quien inauguró el evento. La parte central de su discurso precisó la importancia de dar valor agregado a nuestras materias primas —vender productos para el consumo—, pues solo de esta manera se genera riqueza, para poder redistribuirla al pueblo boliviano.
Pude escuchar el informe del Ministerio de Minería que se mostró optimista al proyectar una exportación del sector minero de $us 5.000 millones este año, tanto por el aumento de la producción como por el alza de precios de los minerales. Sin embargo, no aclaró que lo que exportamos son concentrados de mineral, que al ser refinados en el exterior nos reducen el 50% de su valor; la única producción que exportamos en lingotes de 99,99% de pureza es de estaño, que no deja de ser materia prima. Esta es una realidad preocupante que ha llevado a plantear, desde las regiones, la necesidad de construir refinerías de zinc y plomo, los minerales que más se exportan actualmente.
Esta preocupación ha llevado a que, desde el Estado, se busque soluciones al respecto. En 2011, se autorizó que la Comibol construya una refinería de zinc, condicionada al financiamiento del proponente. En 2012, se adjudicó la obra, pero no se pudo firmar el contrato, dado que para el cumplimiento de la obra el contratista exigía una boleta de garantía al proponente, quien en este caso era también el financiador.
Se llamó a una segunda licitación, realizando previamente un seminario con la participación de universidades y empresas, para determinar el proceso que se ajuste a los requerimientos de la Comibol: recuperación de todos los minerales agregados como el cadmio, indio, oro, estaño, etc., y compatible con el medio ambiente. Se estableció que la planta debería usar la tecnología hidrometalúrgica; además, con la experiencia pasada, se exigió que el proponente deposite una boleta de garantía de $us 800.000. Esta licitación también se cayó, a pesar de la garantía, porque la empresa no pudo presentar la documentación requerida en el tiempo establecido. Hay que señalar que esta vía era por demás complicada por los vacíos legales y porque se ataba la contratación a un solo país —China— por la línea de crédito abierta a Bolivia.
La situación económica de la Comibol en 2017 era bonancible, por lo que se decidió aceptar una propuesta de pilotaje cuyo costo no implicaba mayores gastos, y la construcción de la planta con capacidad de 40.000 TM/año no pasaba de los $us 40 millones. Los resultados fueron ampliamente positivos: se podía recuperar siete elementos, zinc, plata, estaño, indio, cadmio, fierro, azufre; y la inversión se podía reponer en dos años. Se construiría en Eucaliptos (Oruro), por tener a disposición ácido sulfúrico y gas natural, elementos básicos junto con el amoniaco que se produce en Bulo Bulo. La construcción tomaría menos de dos años. Presentados los resultados, el directorio de la Comibol aprobó su ejecución. Como la Comibol no ha recuperado aún su autonomía, se puso la propuesta en consideración del Ministerio de Minería, que presentó otro proyecto, de la Empresa Metalúrgica Vinto. Este era un proceso pirometalúrgico, es decir, fundición con fuego. En el seminario mencionado se había establecido que los problemas de este proceso eran la volatilización de muchos elementos y la emisión de monóxido de carbono; además, el proyecto tenía otro problema, la producción de ácido sulfúrico. Ante la pregunta de dónde se utilizaría o acumularía el ácido, la respuesta fue regalarlo a Chile. En esa reunión —2018— se desechó el proyecto de la Comibol.
Esta rememoración es válida porque se presentó en la Cumbre el mismo proyecto, la novedad es que se vendería el ácido a Brasil; el precio internacional del ácido industrial es de $us 65 la tonelada, mientras solo el flete de Oruro a la frontera con el Brasil es de $us 200. Los otros detalles son que tendría una capacidad de 150.000 TM/año y un costo de $us 350 millones, sin contar el capital de operaciones, básicamente para comprar concentrados de mineral.
Estamos en lo mismo: insistir en algo, para luego no hacerlo.
La refinación e industrialización de nuestros minerales es estratégica, es de soberanía e independencia nacional; contra ellas están las grandes transnacionales de los minerales, cuyos agentes internamente se mueven sigilosa y astutamente: representantes, abogados, socios, empresarios, técnicos, consultores, asesores, políticos, etc. El problema es una cuestión de Estado y se lo debe manejar en esa dimensión.
José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.






