Cuando hay deslizamientos en La Paz o alguna otra desgracia que provoca que familias pierdan su vivienda y sus pertenencias, nos conmovemos y compartimos un sentimiento de injusticia, indignación y solidaridad. Esto se debe a que la vivienda, la electricidad o el saneamiento son servicios básicos que además están reconocidos por nuestra Constitución Política del Estado como tales. Significa que son servicios a los que todas las personas deberían acceder por un principio de dignidad humana.
El acceso a las telecomunicaciones, es decir a internet, tiene la misma calidad de servicio básico y está también reconocido por la Constitución Política del Estado, pero cuando no es abastecido integralmente no compartimos esa sensación de injusticia profunda por las personas que no tienen acceso a internet en el país.
El 63% de la población en Bolivia usa internet, según la última Encuesta de Hogares del INE, eso significa que el 37% de la población no tiene acceso a comunicación, educación, información, trabajo o libertad de expresión en internet, entre otros Derechos Humanos. Y esta situación no provoca generalmente gran indignación, hemos normalizado que un grupo de personas viva sin conexión a internet.
No estar conectado afecta a varias actividades y al ejercicio de derechos. Por ejemplo, las comunicaciones con personas queridas o por negocios se encarecen y se vuelven imposibles en ocasiones. Por otro lado, se tiene acceso solo a una menor cantidad de medios masivos de difusión informativa, lo que reduce la capacidad de participación democrática. Estas barreras se incrementaron y agravaron durante la pandemia, ya que la cuarentena obligó a digitalizar las actividades cotidianas más importantes para evitar que las personas salieran de sus casas, así que quienes no tenían conexión a internet no tuvieron la opción de trabajar o estudiar en línea; al menos durante los meses de cuarentena rígida no tuvieron más que parar sus actividades. También sucedió que sus voces fueron reducidas porque solo podían utilizar los teléfonos para expresarse, los canales presenciales se redujeron dramáticamente. Igualmente, se imposibilitaron las opciones de reunirse con objetivos de esparcimiento, políticos, culturales o de cualquier otra índole; tuvieron que permanecer en casa.
Para quienes no tienen conexión a internet, una parte de la vida les es negada, esto degrada su condición humana. Internet es un condicionante para el acceso al ejercicio de varios Derechos Humanos y a asegurar la dignidad humana. Es por esto que además de defender los Derechos Humanos que se ejercitan en físico, es imperioso defender y promover sus expresiones en línea.
Eliana Quiroz es ciberactivista y burócrata. blog: www.internetalaboliviana. word-press.com






