El origen de la caracterización política de los términos izquierda y derecha se encuentra en la Revolución Francesa (1789-1799), cuando los partidarios del rey se sentaban a la derecha de la tribuna y los oponentes a la izquierda. ¿Qué significaba esto? En parte significaba que los que se situaban a la derecha eran favorables al antiguo régimen y el orden jerárquico a la cabeza del rey, mientras que los que se sentaban a la izquierda estaban a favor de la democratización, la soberanía popular y la igualdad.
La división entre izquierda y derecha es una expresión de los conflictos y desacuerdos en la sociedad, en particular en la Francia revolucionaria encontramos en la derecha a los grandes propietarios de la nobleza y el clero, y en la izquierda a artesanos, obreros, dueños de empresas y emprendimientos pequeños, pero también a muchos campesinos pobres.
Después de la revolución industrial, la diferencia entre izquierda y derecha pasó a estar definida por la política socioeconómica, así la derecha apoyaba el libre mercado y una protección a la propiedad privada, mientras que la izquierda defendía un rol activo del Estado, sobre todo en la redistribución de la riqueza y la defensa de los trabajadores.
Durante el siglo XIX aparecieron otros elementos de diferenciación, por ejemplo, la religión, la derecha la defendía y la izquierda la criticaba. Durante el siglo XX se asoció el autoritarismo y el nacionalismo a la derecha y, en consecuencia, la izquierda se presentó como un cuestionamiento al orden, influido por las llamadas “globalizaciones desde abajo”, es decir, la coincidencia de las luchas sociales de distintas partes del mundo, tratando de apelar a un internacionalismo que critica los efectos perversos del capitalismo.
Si bien todas las interpretaciones previas pueden ser discutibles, existe un núcleo central que el filósofo y jurista italiano Norberto Bobbio supo caracterizar mejor que nadie. Para Bobbio la clave de la distinción reside en los posicionamientos respecto al propósito de la igualdad, así la izquierda considera que las desigualdades (económicas, culturales, raciales, religiosas o de cualquier otro tipo) son artificiales y negativas, y en consecuencia el ser humano puede y debe eliminarlas. Mientras que la derecha cree que las desigualdades entre las personas son naturales y positivas, y deberían ser defendidas o al menos ignoradas.
Por lo señalado, decir que no importa ser de derecha o ser de izquierda es, definitivamente, ser de derecha, pues se trata de ignorar el problema y con ello evitar algún posicionamiento que se pueda asumir frente al mismo.
Izquierda y derecha, entonces, son posiciones y actitudes distintas frente a las desigualdades: luchar por cambiarlas, defenderlas o hacer de cuenta que no existen o no importan.
Farit Rojas T. es abogado y filósofo.






