El Programa Fiscal-Financiero (PFF) es un instrumento de planificación y coordinación de las políticas económicas, donde se establecen los objetivos y metas de las políticas fiscal, monetaria y cambiaria, para preservar la estabilidad macroeconómica, promover el desarrollo económico y mejorar la calidad de vida de la población. Es totalmente opuesto a los memorándums de entendimiento (Stand-by Agreements) firmados con el Fondo Monetario Internacional (FMI) durante los años neoliberales.
¿Qué es lo que le hace distinto al PFF de los acuerdos del stand-by con el FMI? La respuesta está en la historia. Se debe recordar que durante la vigencia del modelo neoliberal, lo único importante para las autoridades económicas era la estabilidad macroeconómica, porque todo lo demás lo proveería el mercado. En esos años, de 1985 a 2005, se tuvo una relativa estabilidad macroeconómica: se alcanzó una inflación elevada, de hasta dos dígitos en algunos años, la cual mermaba el poder adquisitivo de la población mes a mes. Asimismo, todos los días los bolivianos debían estar atentos a la cotización del dólar, ya que si querían comprar algunos bienes (muebles, electrodomésticos, etc.), éstos estaban indexados al precio del dólar, por lo que, nuevamente, percibían que sus ingresos no les alcanzaban y veían lejana la posibilidad de comprar los bienes, porque sus salarios tampoco aumentaban.
Durante el periodo neoliberal se registraron altos déficits fiscales, explicados por el gasto corriente —principalmente destinado al pago de sueldos y salarios—, la posición comercial del país era deficitaria (se importaba más de lo que se exportaba); las Reservas Internacionales Netas (RIN), en promedio bordeaban los $us 1.000 millones, salvo en 2005 cuando se alcanzó los $us 1.700 millones.
Todos los gobiernos neoliberales y sus administradores de la economía (léase ministros y demás jerarcas de la economía) indicaron que se crearía muchas fuentes de trabajo, y bajo esa promesa nos encajaron, primero, la privatización y, luego, la capitalización. Sin embargo, solo se enriquecieron los empresarios privados extranjeros (ni siquiera los nacionales), mientras que el pueblo se sumía en la pobreza. Cansada la población de que le den gato por liebre, decidió salir en protesta contra esos gobiernos de turno por las promesas incumplidas, recibiendo como respuesta: palo y represión.
Con la asunción democrática del Movimiento Al Socialismo (MAS) al gobierno, todo este panorama cambió. No solo era importante la estabilidad macroeconómica, sino que era necesario el desarrollo económico del país (vía inversión pública) y atender las necesidades de la población (mediante la redistribución de los ingresos). Esto se tradujo en una reducción de la pobreza moderada de 60,6%, en 2005, a 36,3% en 2021, al igual que la pobreza extrema, que pasó de 38,2% a 11,1% para similar periodo. Ni qué hablar del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), el cual fue superior a los años neoliberales, y posicionó al país, por muchos años, como la economía de mayor crecimiento en la región sudamericana.
Todo esto se pudo lograr gracias a la implementación del Modelo Económico Social Comunitario Productivo, con sus brazos operativos: el Programa Fiscal Financiero y los Planes de Desarrollo Económico y Social. Si en ese momento (los años 80, 90 y principios de 2000) se hubiesen preocupado ciertos economistas, tal como lo hacen hoy, por el conjunto de economía del país y su población, y no solo por unos cuantos indicadores, otro hubiese sido el cantar. Algunos preferían ver, desde lo más alto del Banco Central de Bolivia, la finitud del horizonte, antes que entender y proponer alternativas de desarrollo para el país.
Charls Ticona Rojas es economista.






