No está equivocado el título, puesto que no trato de examinar las consecuencias económicas de la guerra, que actualmente es producto de informes de organismos internacionales y de analistas, sino se refiere al nombre del libro que escribió hace más de un siglo, en 1919, el economista inglés John Maynard Keynes como producto de su participación en la delegación de su país, como representante oficial y su posterior retiro de las conversaciones que dieron origen al Tratado de Versalles, firmado el 28 de junio de 1919, que estableció las exigencias económicas o reparaciones extremadamente duras que las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial (Estados Unidos, Francia, Reino Unido) impusieron a Alemania.
Keynes se opuso a las cláusulas de las reparaciones y trató de demostrar la imposibilidad económica de Alemania para hacer frente a los compromisos que, en su afán de destruirla, estaban perdiendo una oportunidad de construir una salida estable y viable a Europa. Su pronóstico fue correcto, a diferencia de los que hacen los economistas, puesto que Alemania no cumplió y creó las condiciones para el triunfo del nazismo y de la Segunda Guerra Mundial con consecuencias económicas y humanas peores que las de la Primera Guerra Mundial. Los aliados con el Tratado de Versalles ignoraron y no tomaron en cuenta la importancia de la unidad europea como fórmula para garantizar la paz y, por el contrario, fue un incentivo para el retorno de la guerra.
Keynes no solo hizo un análisis adecuado sino propuso un programa con los siguientes temas: la revisión del Tratado incluyendo una zona de libre comercio y la comisión del hierro y el carbón, el arreglo de las deudas interaliadas, un empréstito internacional y las relaciones de Europa Central con Rusia.
La validez y relevancia actual de Keynes es muy pertinente en los momentos actuales de una conflagración que va más allá de un simple conflicto entre dos países: Ucrania y Rusia, puesto que hay una intervención directa e indirecta de EEUU y los países de la OTAN, y también de China. Lamentablemente se observa una abundancia de análisis sobre lo mismo, basados en la información mediática y según el guion con los buenos (Biden y Zelenski, Boris Johnson), el malo (Putin) y el feo (China), y que nos dicen que hay invasiones “buenas” (Libia, Siria, Afganistán, Irak,) y “malas” (Ucrania), que mientras los buenos cometen “daños colaterales” los malos son criminales de guerra.
Lo que no nos dicen es que esta guerra justamente apareció cuando la OTAN estaba en crisis, según Macron con “muerte cerebral” y según Trump “obsoleta”, y que ahora Finlandia y Suecia que no eran miembros están considerando unirse. Lo que estaría pasando, según Cristina Cifuentes, que después de 30 años los países del Occidente han formado alianzas inéditas y se ha modificado “el consenso global post guerra fría”, y se estaría en presencia de un cambio de paradigma político.
El problema de la unidad de Europa, acentuado con el Brexit de Boris Johnson, es que está muy subordinada militarmente a los EEUU con el tratado de la OTAN, aspecto que es una traba para una independencia real de Ucrania y un riesgo para Rusia. Si se quiere una solución de fondo, el escenario ideal sería que EEUU deje de ser el gendarme mundial amparado en su superpoderío militar-nuclear, salga de Europa y se tienda a un mundo multipolar no solo en lo económico, como existe actualmente, sino fundamentalmente en lo militar con la autonomía de Europa. Sin embargo, un escenario de una Europa autónomamente militar significaría lo que ahora estaría pasando en forma desapercibida, el retorno al poderío militar de Alemania con un aumento anual de la inversión en defensa de 2% del PIB, estigma que tiene dos guerras mundiales a sus espaldas.
¿Y quién se beneficia con la guerra? Hay toda una industria global de la guerra, de empresas y de mercenarios que se benefician aparentemente de la “estupidez” de algunos líderes e instituciones mundiales.
No sé si podemos ser optimistas como Keynes en 1919 al decir: “Podemos tener todavía tiempo para meditar nuestros pasos y para mirar el mundo con nuevos ojos”, y tratar de lograr una solución duradera y no mediática en un nuevo orden global más balanceado, más justo.
Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.







