Introducción: el Tigre enfrenta por cuarta vez a un equipo venezolano por Copa Libertadores. Todo han sido victorias. La noche anterior, Deportivo Táchira, logra en Sucre el primer triunfo de un equipo llanero en territorio boliviano. Díaz coloca un ofensivo 4-3-3 y juega con este “eleven”: Viscarra; Ivo Calleros y Esparza (como inéditos laterales); Castillo y Demiquel; Saucedo de cinco con Ursino y Amaral de enganche; Henry Vaca de extremo y el doble nueve arriba con Prost y Triverio. Los “rojos del Ávila” también apuestan por el mismo sistema con tres rápidos delanteros. Hay poca gente el Siles debido a la hora, diez de la noche, y al frío.
Nudo: los primeros 30 minutos son una lección de como se juega al contragolpe por parte del Caracas F.C. El Tigre -sin marca- está partido en la mitad. Los venezolanos perdonan tres clarísimas chances de gol; tienen velocidad pero carecen de puntería. Esparza, de lateral, no recibe la ayuda de nadie y se limita a los pelotazos frontales. Ivo Calleros, contratado como cinco, tampoco se asocia con Henry Vaca, con doble marca rival. El equipo de Díaz abusa de los lanzamientos de larga distancia y retrocede mal. A la media hora llega el 1-0 en el enésimo ponchazo, aprovechado primero por Triverio y luego por el goleador Prost. El tanto es puro espejismo.
Desenlace: la segunda parte es peor que la primera. El “match” luce lento y lateralizado por parte de The Strongest ante un Caracas F.C. con las pilas descargadas. Entonces “aparece” Díaz: saca incomprensiblemente a Henry Vaca, el único que gambeteaba para meter a Arrascaita. El cambio es recibido con los lógicos pitos. No es la primera vez que el técnico argentino se conforma y mete al equipo atrás ante un rival inferior/agotado. Amaral, cansado, camina sobre la cancha y apela una y otra vez a los disparos lejanos ante un buen arquero como es Baroja. Cascini “refuerza” la contención y Reinoso entra por Triverio. A siete para el final, empata con justicia Caracas F.C. en el penúltimo error/horror en defensa. El último cambio (un inexistente Calleros por un Sotomayor fuera de su sitio) grafica la perdida absoluta de brújula de Díaz.
Post-scriptum: el Tigre no tiene fútbol (es puro pelotazo). Ha perdido su “ajayu” ante un técnico timorato que no quiere entender la idiosincrasia del club ni las potencialidades del “team”. Los pecados capitales de Díaz sepultan al otrora conocido como “Derribador de campeones”.







