En ceremonia realizada en la Casa del Pueblo, el presidente del Estado Plurinacional, Luis Arce Catacora, posesionó al nuevo presidente de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol). La jerarquía del acto nos retrotraía a las viejas épocas cuando el ejecutivo de la empresa estatal tenía el rango de ministro, porque la economía del país dependía de ella, con el 80% de la generación de divisas; con una tributación al TGN del 37% del valor bruto de sus exportaciones, mantenía al país.
El discurso del nuevo presidente de la Comibol, enumerando los viejos proyectos de exploración, palideció ante el nuevo desafío planteado por el Presidente: “No solamente queremos extractivismo en minería, queremos industrialización de nuestros minerales.” “Bolivia tiene un enorme potencial y seguirá siendo por mucho tiempo un país minero.” En efecto, actualmente la minería se muestra como el principal exportador del país, con más de $us 5.000 millones, pero toda esta producción no es sino materia prima, como concentrado de minerales o metálico. No hay agregación de valor por la industria, ni siquiera por la artesanía.
El presidente Arce reafirma el rol de la Comibol, enunciado desde su fundación en 1952 y ratificado en la actual Constitución, como institución a cargo de toda la cadena productiva: prospección, exploración, explotación, concentración, fundición, industrialización y comercialización. Sin embargo, cuando se crearon instituciones como el Servicio Geológico Boliviano y la Empresa Nacional de Fundiciones, y se dio paso a la libre exportación de minerales, este mandato se fue reduciendo hasta hacerla una simple explotadora y vendedora de concentrados; hoy, a pesar de la CPE y la ley minera, el sector estatal minero sigue descuartizado.
El llamado a la fundición e industrialización de los minerales es un gran objetivo y como tal tiene poderosos enemigos: las transnacionales que compran nuestros minerales, ya que la industrialización significa aumentar en 10 veces el valor de la materia prima, eso es lo que vigilan. No hay otra explicación cuando se analiza la frustración por 20 años para tener la fundición de estaño o los traspiés en tratar de implementar las fundiciones de bismuto, antimonio, la de Karachipampa para concentrados de plomo y plata o las licitaciones frustradas para las plantas hidrometalúrgicas de zinc y plata. Son estas manos invisibles que se mueven bajo argumentos, dizque técnicos, con palos blancos que se presentan a las licitaciones para sabotear, funcionarios burocráticos que encuentran cualquier razón para evitar su realización. Se trata de encontrar caminos para sobreponerse a cualquier obstáculo que surja en el camino deseado.
Para lograr esto se requiere cambiar la actual Comibol —resabio del neoliberalismo—, dedicada a firmar contratos leoninos de alquiler y malbaratar los activos de la empresa; pasar a ser una empresa productiva moderna, que controle toda la cadena minera, realice una explotación racional y eficiente, capaz de dar réditos al Estado y enfrentar con solvencia los nuevos retos de la industrialización.
Para ello es necesaria la reorganización de la empresa estatal, partiendo de recuperar su autonomía, para encarar proyectos a largo plazo, ajenos a la coyuntura política, pero no a los objetivos del Estado Plurinacional. Requiere que asuma el control de sus empresas y los encuadre a los objetivos nacionales, integrarlos en términos de racionalidad y eficiencia, superando los enfrentamientos entre productores y fundidores, unificar los institutos de investigación en uno solo para crear un conocimiento científico propio, de acuerdo con nuestra realidad y asumiendo los avances de la ciencia en todo el mundo. En esta tarea está conocer e identificar los elementos valiosos que contienen nuestros minerales como el indio, el cadmio, que hoy los exportamos sin enterarnos y asumir, tal como exhortó el presidente Arce, la explotación de tierras raras cuya identificación y procesamiento hoy nos son desconocidos.
Es necesario que se libere la Comibol de atender el desbarajuste que dejó el proceso de privatización, con juicios sociales, transferencia y titulación de activos, debe dejar de ser el guardián de bienes que no son suyos o que ya no necesita la nueva Comibol; además, hay que sanear sus relaciones con otras instituciones estatales: ENDE, COSSMIL, ES-Mutún, YLB.
Es preciso concluir y poner en marcha los proyectos donde se han hecho enormes inversiones y que requieren cosechar sus réditos, encarar la ejecución del proyecto Metalox, para la recuperación de zinc, plata, indio y cadmio, cuya dimensión y costo son de ejecución a corto plazo y con recursos propios.
La tarea es grandiosa, solo queda dar marcha al desafío, éxitos ingeniero Marcelino Quispe.
José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero.







