El Índice Big Mac fue inventado por The Economist en 1986, según su sitio web, como una guía alegre para determinar si las cotizaciones de las monedas de los países a nivel mundial están en su nivel “correcto” o están “por debajo de su valor” o “por encima de su valor”. Se basa en la teoría de la paridad del poder adquisitivo (PPA), que dice que los niveles de precio entre dos países deberían tender a ser iguales en el largo plazo, es decir, una canasta idéntica de bienes en cada país costará lo mismo una vez que las divisas se hayan intercambiado.
The Economist no usa una canasta sino una hamburguesa estándar a nivel mundial, la Big Mac que, por ejemplo, a junio de 2022 costaba 3.400 pesos en Chile, mientras que en EEUU su precio era de $us 5,15. La relación entre ambos precios nos da un tipo de cambio Big Mac de 660,19 pesos, lo que vendría a ser su nivel “correcto”. Ahora, si ese nivel lo comparamos con la cotización oficial a junio del peso chileno, que fue de 928,43 pesos por un dólar, se encuentra que el peso chileno oficial estaría más débil, más pesos chilenos por un dólar respecto a su “valor correcto”, en un 28,9%.
Esta situación ocurre, según el sitio web del The Economist, con la mayoría de las monedas a nivel mundial que estarían en una carrera por devaluar, con excepción de pocas monedas como el franco suizo, que estaría más bien por “encima de su valor” en 30,3%, la corona noruega (21,6%) y el peso uruguayo (18,1%).
El problema de fondo es la revaluación del dólar de Estados Unidos, la más elevada en 20 años y el hecho de que la moneda rival, el euro, de una relación de $us 1,15 en diciembre de 2021 cayó en pocos meses a una cotización de $us 0,98, menos de un dólar por un euro. Hay muchas explicaciones de la revaluación del dólar; una de ellas, que es “un mal pospandemia” por el exceso del gasto, y otra, que la asocia al problema de la inflación y al aumento de las tasas de interés de parte de la Reserva Federal de EEUU.
Sin embargo, es conveniente analizar el comportamiento del dólar no en términos nominales con otras monedas, sino en términos reales; lo que significa tomar en cuenta la relación de precios con las otras economías, para lo cual la Reserva Federal de EEUU (Fed) calcula un Índice Real Amplio del Dólar (Real Broad Dollar Index), donde niveles por encima de 100 significan una “revaluación real”. Si partimos en enero de 2006 con un índice igual a 100, encontramos que el índice a junio de 2022 es de 115, que refleja una apreciación real del 15%.
En primer lugar hay que hacer notar que un dólar fuerte no es reciente ni es pospandemia, puesto que se observa ya su tendencia a partir de marzo de 2015, que continuó con el COVID-19 en 2020 y sigue hasta ahora. Por tanto, no parece razonable asociar la apreciación real del dólar solo a un aumento del gasto fiscal en tiempos de pandemia.
En segundo lugar, si bien hay una relación entre la apreciación del dólar y la tasa de interés del Fed, es conveniente tener en cuenta que antes de la elevación de sus tasas, a mediados de marzo, ya la apreciación real a febrero de 2022 era del 10%. Entonces, el aumento de su tasa de interés de 0,25% en marzo hasta 1,15% en junio muestra una apreciación adicional del dólar de un 5%, por lo que no sería la única explicación de su apreciación.
El contexto indudablemente es la alta inflación y el problema es que los bancos centrales creen que para frenar la inflación hay que subir las tasas de interés, en el entendido de que es una inflación solo de demanda debido a la expansión de la cantidad de dinero, por lo que subiendo sus tasas de interés hacen que el dinero sea caro y bajen los precios.
Adicionalmente, varios bancos centrales en América del Sur dejaron que sus monedas se deprecien ante la reciente caída de los precios de los commodities y si bien la devaluación incentiva nominalmente a las exportaciones, por otro lado, encarece las importaciones, por lo cual tuvieron que intervenir sus mercados cambiarios como el Banco Central de Chile.
Bolivia todavía no está en medio en la vorágine de alta inflación y fuerte depreciación, por lo que debemos preservar la estabilidad económica alcanzada como un patrimonio de todos los bolivianos.
Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.







