La economía de EEUU no está en recesión, contra todo pronóstico. Los datos del PIB al tercer trimestre de 2022 muestran una tasa de crecimiento del 2,6%, después que había registrado tasas de crecimiento negativas, del 1,6% en el primero y 0,6% en el segundo trimestre.
El aumento del PIB real reflejó aumentos en las exportaciones, el gasto del consumidor, la inversión fija no residencial y el gasto del gobierno, los cuales fueron parcialmente compensados por disminuciones en la inversión fija en vivienda. A pesar de la fuerte revaluación en términos reales del dólar del 10%, entre enero de 2002 y septiembre de 2022, la contribución de las exportaciones de EEUU al crecimiento del PIB fue del 1,5%. Asimismo, pese a la fuerte inflación del 8,25% a septiembre, el gasto de los consumidores siguió creciendo pero a una tasa menor del 1,4% comparada con el 2% del trimestre anterior.
El comportamiento de la economía de EEUU es mucho más resilente que los países del Área del Euro y del Reino Unido, que están más cerca de la estanflación. Así, en los dos primeros trimestres de 2022, en el área del euro el crecimiento trimestral fue en promedio del 0,7% y en el tercer trimestre disminuyó a 0,2%, cercano a cero. Esta desaceleración está acompañada de una tasa de inflación del orden del 10,7% a octubre, explicada en parte por un aumento de los precios de la energía en 41,9% y que, a diferencia de los EEUU, no tiene perspectivas que se desacelere.
En el caso del Reino Unido, ya registró en el segundo trimestre de 2022 un crecimiento negativo de -0,1% y es muy probable que continúe con una tasa similar en el tercer trimestre, mientras que su inflación a septiembre había subido a 10,1% anual.
A todo esto se suma que el euro y la libra esterlina han enfrentado fuego amigo por las fuertes devaluaciones de sus monedas respecto al dólar estadounidense del orden del 15%, si se compara con octubre de 2021, en parte provocadas por los tempraneros y fuertes aumentos de la tasa de interés del Fed en los EEUU (3,25%), que incentiva al dólar como un activo financiero de refugio, mientras que el Banco Central Europeo recientemente incrementó su tasa referencial en 0,75 puntos básicos al 2,0% y el Reino Unido impulsó su tasa de interés en 0,50 puntos básicos a 2,25%.
Como se observa, los países aliados se dedicaron a sancionar económicamente a Rusia en lugar de coordinar sus políticas monetarias.
Como señala Arvind Subramanian en Project Syndicate, que “ahora que están (EEUU) elevando las tasas de interés para combatir el aumento de los precios en el país, los críticos los culpan por exportar inflación e inestabilidad financiera al atraer capitales a los Estados Unidos… han sido criticados por actuar por puro interés propio, incluso si eso significa obligar a otros países a adoptar políticas de empobrecer al vecino.”
El problema se complica más puesto que ad portas del invierno, los EEUU aumentaron sus exportaciones de petróleo a los países aliados entre enero-agosto de este año pero, dada la disminución de sus reservas estratégicas en su nivel más bajo en 38 años, va a tener que priorizar el abastecimiento nacional en lugar de las exportaciones.
Los países emergentes y en desarrollo han estado capeando los efectos de las crisis, pero sus impactos ya se han manifestado con la salida de capitales, atraída por las altas tasas de interés de los países adelantados, fuertes depreciaciones de sus monedas, pérdidas de reservas internacionales, aumento de sus deudas externas y del spread o diferencial de sus bonos soberanos en 48% en lo que va del año.
El FMI, encargado por estatuto de poner algo de orden en este desorden económico mundial, si bien aconseja ciertas intervenciones temporales en el mercado cambiario y en los mercados de alimentos, rechaza el control de capitales y repite la receta de la disciplina fiscal, las depreciaciones y el aumento de tasas de interés para combatir la inflación.
En América del Sur sería recomendable que, en lugar del tradicional discurso integracionista y aplicar políticas que empobrecen al vecino, los presidentes aprueben una agenda mínima de corto plazo contra la crisis y sus bancos centrales se reúnan para coordinar sus políticas, teniendo en cuenta que existe hace tiempo el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR).
Gabriel Loza Tellería es economista, cuentapropista y bolivarista.







