Wild Wild Country es un documental de Maclain y Chapman Way sobre la experiencia urbana y social del gurú hindú Bhagwan Shree Rajneesh, universalmente conocido como Osho, en un paraje perdido en el norte de Oregón, EEUU. Allí, en 1981, comenzó un experimento más para la historia bizarra de las ciudades impulsadas por santones que deciden “salvar al mundo”. Ejemplos únicos y estrambóticos de cómo el absolutismo religioso, apoyado en miles de fanáticos, construye “paraísos urbanos”.
La comuna era llamada Rajnishpuram. Su sentido festivo, su apego a la naturaleza y el carisma del gurú lograron calar hondo en muchos americanos que hastiados de una sociedad materialista se fueron a vivir lejos del mundanal ruido. Es casi inexplicable cómo estos gurús congregan a millares de alucinados adeptos (hoy existen por todo el mundo). Quizás sea una mezcla extraña de profundos e insondables atavismos, desencanto de la modernidad occidental, ganas de vivir intensamente, o el retorno de los brujos, entre otras explicaciones. Lo evidente es que Bhagwan/Osho se capitalizó groseramente para hacer crecer su ciudad ideal y, por supuesto, sus finanzas personales. A medida que progresaba Rajnishpuram aumentaba su presencia política en la alcaldía, el condado, y pronto se volvió un peligro para la institucionalidad americana. Sus seguidores vivían en un paraíso de naturaleza, sexo libre, y sonrisas Colgate; construyeron viviendas, edificios públicos, cultivos y granjas, aeropuerto, lagunas artificiales, etc. Y como es ya una tradición, Hollywood se unió con actores y aportes millonarios a la cúpula de los dirigentes cercanos al santón, el círculo íntimo de los privilegiados de siempre.
Bhagwan/Osho era un semidiós en su feudo. Paseaba en Rolls Royce (llegó a tener 93), presumía de joyas y secretarias, y tenía un remedo de trono papal (el lujo y la pompa son imprescindibles para la simbólica del poder, recuerda los ejemplos del Kremlin ateo y el Vaticano creyente). Para sus seguidores el gurú era una divinidad de piel transparente y mirada profunda como el firmamento; para los lugareños, cristianos y pechoños, era Satán mismo.
Con el fin de consolidarse en el condado Bhagwan/Osho gestó una chapuza electoral. Reclutó miles de indigentes y yonquis de todas partes para crecer su padrón electoral. Les negaron su inscripción. A ello se sumaron intrigas dentro y fuera de la comuna y comenzó la caída del experimento urbano. El gurú huyó, fue apresado, condenado, y deportado en 1985, sin cometer suicidio colectivo como Jim Jones en la Guyana. Moraleja: Rajnishpuram nació, creció y murió como lo hace toda artificialidad social.
Carlos Villagómez es arquitecto.







