En el palacio de Trianón, todo el año era fiesta. La reina hizo construir, para ella y su pandilla, los más lindos jardines. Tenía un riachuelo, una montaña y un lago, todo lo que lógicamente tenía un costo elevadísimo para las arcas del Estado.
Desde que había sido coronada, las tres principales preocupaciones de María Antonieta eran, en este orden: sus vestidos, su peinado y sus joyas. Su hermano José II le amonestó por el tren de vida que llevaba y le escribió una carta diciéndole proféticamente: “Tiemblo por ti, pues no se puede seguir de este modo. ¡La revolución será cruel!”.
La ostentación en que María Antonieta vivía era ofensiva para el pueblo que padecía hambre, y que con justa razón la comenzó a llamar “madame déficit”. Solo cuando la encarcelaron se puso a trabajar, pero ya era demasiado tarde.
Se dice que cuando no se conoce la historia, ésta se repite. La noche del 12 de noviembre de 2019, Jeanine Áñez leyó su autonombramiento ante una Asamblea Legislativa sin quórum y luego se dirigió al Palacio Quemado, seguida por un puñado de acólitos, sus hijos y los cívicos Luis Fernando Camacho y Marco Antonio Pumari. Un general del Ejército le colocó la banda presidencial.
Desde entonces hizo nombramientos arbitrarios. Su hija se encargó de Gestión Social, estando a cargo de aviones, choferes y maquilladores. Además, fue una de sus principales asesoras de imagen: “El blanco le queda bien”, declaró a la revista del espectáculo internacional Vanity Fair.
Entre tanto, el pueblo boliviano vivía un momento trágico con cientos de detenidos, miles de perseguidos por “sedición y terrorismo” y al menos 38 asesinados en las masacres de El Pedregal, Sacaba y Senkata.
Con su intento de retornar el neoliberalismo, la economía cayó en picada. Se firmaron contratos lesivos para el Estado, y con el silencio cómplice de varios medios de comunicación, se saquearon los recursos públicos.
Entre los casos de corrupción de su gestión figuran Entel, BoA, ANH, INRA, Banco Central, YPFB, EBA, UPRE, AJAM, Impuestos Nacionales y Aduana.
Cuando el pueblo salió a protestar a las calles, ella les llamó “canallas” y obnubilada por las adulaciones de sus cortesanos, hasta quiso postularse como candidata presidencial.
Se negó a convocar a elecciones hasta que el pueblo se las arrancó con masivas movilizaciones en agosto de 2020.
Hoy asegura que es “perseguida política”. Si en los 14 años en que fue senadora hubiera leído la Constitución Política del Estado, tal vez nada de esto hubiera pasado. Pero ya es demasiado tarde, y solo queda recordar la famosa frase de Isaac Newton que atribuyó a Einstein: “Y voy a terminar con una frase de Albert Einstein para ustedes: lo que sube, baja”, dijo.
Patricia Montaño Durán es licenciada en Historia.







