Una de las grandes hazañas de Evo Morales en la conducción fue su capacidad de amplia convocatoria al pensamiento crítico para formar gobierno. A la refundación de Bolivia liderada por un indígena acudieron militantes de partidos de izquierda tradicionales, dirigentes obreros y campesinos, intelectuales, trabajadores de base y guerrilleros, entre otros. Claro está que esta formación tuvo distintas características en función de los tiempos marcados por la transformación del Estado y no fue, por tanto, una constante ni rítmica ni monocromática.
A propósito, Itxaso Arias, filósofa española, ha presentado el jueves en La Paz una obra en tres volúmenes sobre la genética del Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK). Este estudio es, además, una propuesta de historia política de las décadas comprendidas entre 1960 y el fin del siglo pasado desde la perspectiva del marxismo katarista del EGTK. La autora sostiene que el EGTK —al igual que otras experiencias guerrilleras en Bolivia— ha sido poco estudiado entre otras cosas, por la enorme incidencia e impacto de la guerrilla de Ernesto Guevara en Bolivia y su posterior asesinato. Pero ciertamente el EGTK posee hoy relevancia histórica añadida porque en sus filas estuvo activamente Álvaro García Linera, el segundo al mando durante los 14 años de gobierno de Evo Morales.
Precisamente García Linera fue uno de los comentaristas en la presentación de esta obra y, fue ahí donde se encargó de dejar en claro varios aspectos del EGTK. Uno de los más importantes, estudiados a profundidad en la obra de Arias, es el hecho de que la dimensión militar de esta organización fue solo una parte, importante por supuesto, del proyecto político emancipador que planteaban sus miembros, mujeres y hombres: la guerra comunitaria de ayllus.
La prensa y el poder en 1991 optaron por insistir en la etiqueta sangrienta y casi demoníaca para hacer conocer las detenciones y procesos abiertos contra miembros del EGTK. Deliberadamente, se dejó en el archivo la información respecto al trabajo político de entramado revolucionario de tres componentes esenciales: el mundo obrero, minero principalmente, el mundo indígena-campesino aymara y quechua y el mundo urbano-estudiantil con fuerte influencia de los proyectos emancipadores de Centroamérica. Ciertamente, la izquierda tradicional boliviana que parcialmente estaba formando parte del gobierno del MIR, ejecutor de las detenciones y procesos contra los egetekos, decidió participar de la estrategia de eliminación de la experiencia rebelde de la memoria popular. Cinco años de encarcelamiento a varios miembros del EGTK concluyeron con acusaciones imposibles de sustentar, pero con torturas y violaciones a los derechos humanos propias de regímenes autoritarios y de terror, tiempos de democracia neoliberal.
El EGTK era una amenaza para el poder por su fuerza emancipatoria. Esta amenaza estaba dada por la alianza interétnica y la potencia de la voluntad política marcada por la alteridad entre el marxismo leninista, el indianismo katarista detractor del multiculturalismo folklorista, el anarquismo y hasta el cristianismo de la teología de la liberación. De hecho, Itxaso establece una continuidad en el desarme del EGTK y la reforma constitucional que da paso a la Ley de Participación Popular, norma con la que se abre paso al multiculturalismo estatal, en detrimento del autogobierno plurinacional indio.
García Linera sostiene que algunos de los objetivos políticos, en tanto planteamientos programáticos del EGTK, fueron alcanzados y otros aún no. Por ejemplo, con el naciente siglo XXI lo que el EGTK denominaba “la guerra comunitaria de ayllus” logró dimensiones nacionales y el autogobierno indígena se hizo finalmente una realidad en tiempo y espacio bolivianos. Del lado de los pendientes queda la cuestión de la propiedad y manejo de los medios de producción, entre otras cosas. Además, Álvaro rememoró a sus compañeros ya no presentes como Eugenio Rojas, exministro de Estado y expresidente del Senado, quien falleciera en 2020 y fue uno de los aymaras que luego de formar parte de las filas del EGTK en los años 90, pasaría a militar en el MAS para la transformación del Estado; y como él varios otros cuadros que fueron asambleístas constituyentes, diputados o senadores.
El proceso de cambio boliviano gobernado por el MAS contiene la acumulación histórica de muchas batallas, de muchas guerrillas y es, por tanto, un bien colectivo de inconmensurable valor. La capacidad creativa de los movimientos emancipatorios como el EGTK y muchos otros se proyectó en el diseño de Estado Plurinacional conquistado en Bolivia, con sus límites y sus errores. Queda claro que en tiempos de incertidumbre la historia es una lumbre y agregar contenido completo a los debates es una obligación. Por eso es importante el aporte investigativo de Itxaso Arias Arana.
Valeria Silva Guzmán es analista política feminista.Twitter: @ValeQinaya







