La opinión pública no ha desplegado opiniones relevantes sobre el significado y alcance de las recientes visitas de autoridades europeas a varios países de América del Sur, algo que merece una reflexión preliminar en el contexto de los reacomodos globales de las relaciones internacionales, alentados por los cambios geopolíticos en curso.
El primer aspecto destacable es el reciente esfuerzo por perfeccionar con cierta premura el Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, que está pendiente desde hace 24 años. A tal efecto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha realizado en días pasados sendas visitas a Brasil y Argentina. Sobre este particular, conviene recordar que el Mercosur está compuesto por cuatro países fundadores (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) y seis países asociados (Colombia, Chile, Bolivia, Ecuador, Guyana, Perú y Surinam); Venezuela está temporalmente suspendida. Por otra parte, vale señalar que quedan importantes cuestiones por resolver. Así, por ejemplo, para Brasil resulta inaceptable que el Parlamento Europeo pretenda poner barreras a los productos procedentes de tierras deforestadas, lo cual obviamente incumbe a todos los países amazónicos. Éste es uno de los temas más difíciles de resolver, pero también hay otros asuntos complicados, tales como las compras estatales, las reglas de origen, la propiedad intelectual y las medidas sanitarias y fitosanitarias, entre otros.
Existe la posibilidad de que todas estas cuestiones sean resueltas en un plazo razonable puesto que se trata de uno de los acuerdos económicos más importantes para ambas regiones, donde habitan cerca de 780 millones de personas. En particular, se abrigaban grandes expectativas respecto del impulso que daría el presidente Pedro Sánchez de España, durante la presidencia de su país en la Unión Europea para hacer una vigorosa aproximación con América Latina.
En segundo lugar, hay que destacar el amplio proceso preparatorio de la próxima Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y de la Celac, previsto para celebrarse en Bruselas a mediados de julio próximo. A tal efecto se ha llevado a cabo una serie de reuniones y foros para preparar la agenda y explorar los nuevos temas de las relaciones entre ambas regiones, en un contexto internacional particularmente complejo y desafiante, donde la garantía del abastecimiento de productos e insumos de las cadenas globales de valor constituye una cuestión prioritaria para ambas regiones, como demuestran las consecuencias negativas derivadas de la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022.
Entre los otros temas del evento se han preparado agendas sobre los valores democráticos; la protección de los derechos humanos; la libertad de expresión; así como también la crisis climática; la educación, la innovación y la regulación de la inteligencia artificial, y, por último, el rol de los parlamentos, de los empresarios y de la sociedad civil en el marco de la Asociación.
Tercero, conviene tomar en cuenta la señal emitida por el nuevo presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, que ha visitado Perú en días pasados, como primer país desde que asumió su mandato, y que lo hiciera además acompañado por el presidente del BID, Ilan Goldfajn. Se trata de un anuncio claro de que ambos bancos empiezan a seguir con mucha mayor atención que en el pasado la situación económica y financiera de los países latinoamericanos, lo que vale por supuesto en particular para el Banco Mundial, que en el pasado se ha ocupado más que nada de la situación en África.
Los comentarios anteriores se refieren al total de países latinoamericanos y caribeños, por un lado, y a los países de América del Sur, por otro. Resulta preocupante que en ninguno de los casos existan consensos latinoamericanos compartidos previamente.
Horst Grebe es economista.







