Tras haber aplacado el levantamiento de Yevgeny Prigozhin, propietario de Wagner, la compañía militar privada que es ilegal en Rusia, quien llamó a una rebelión armada para derrocar al ministro de Defensa ruso, el presidente Vladímir Putin sale fortalecido con la mirada puesta en su reelección de 2024.
La elección presidencial rusa tendrá lugar en marzo de 2024, a la cual se presentará un todopoderoso Putin tras aplacar el motín paramilitar con la firme convicción de alzarse con la victoria cueste lo que cueste.
Los hechos acontecidos hace dos fines de semana, cuando en 24 horas las fuerzas de Prigozhin se apoderaron de varias instalaciones militares de la ciudad estratégica de Rostov del Don, en el suroeste de Rusia, fueron tomados por el jefe del Kremlin como una “puñalada por la espalda” para el país entero.
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Putin, que calificó la rebelión de Wagner de “amenaza mortal” para Rusia, lanzó un llamado a la unidad nacional asegurando que la “traición” del grupo Wagner acarrearía un “inevitable castigo”.
El presidente ruso, quien se autoproclamó durante mucho tiempo garante de la estabilidad de Rusia y protector inflexible de su condición de Estado, tuvo que cambiar su discurso de “castigo” por uno más leve, demostrando una postura reconciliadora en sus 23 años de gobierno.
La rebelión terminó tras un acuerdo del cual Prigozhin obtuvo garantías de inmunidad para él y sus hombres.
Antes, el jefe de Wagner había denunciado la desastrosa gestión de la cúpula militar rusa, encabezada por el ministro de esa cartera, Serguei Shoigu, y el jefe del Estado Mayor, Valeri Guerasimov.
Pero la noche del anterior lunes, Putin dio tres salidas a los mercenarios que se sublevaron: regresar a sus casas, irse al exilio a Bielorrusia o firmar un contrato con el Ministerio de Defensa.
Prigozhin optó por exiliarse en Bielorrusia al aceptar las condiciones impuestas por el hombre fuerte del Kremlin. Para analistas, será un “cadáver político”.
Inmediatamente se dieron los “preparativos” para transferir al Ejército los equipamientos militares “pesados” de Wagner. Lo que significa en la práctica el desmantelamiento del grupo paramilitar.
Los rusos vinculados al Kremlin expresaron su alivio por el hecho que la revuelta de Prigozhin no desencadenara en una guerra civil.
El hecho de que Prigozhin y sus tropas no fueran castigados socavó la reputación del líder ruso como dirigente decisivo que no tolera la deslealtad.
Héctor Miranda, analista y periodista de Sputnik para América Latina, considera que la reelección de Putin no corre ningún riesgo, puesto que la negociación realizada por el presidente ruso demostró una vez más ser garante de la estabilidad del país.
Putin es considerado en gran parte de Rusia como el “padre de la patria”, porque supo garantizar reformas sociales como la seguridad laboral, seguros universales de salud, entre otros, para beneficio de los grandes segmentos de la sociedad.
Así, los millones de rusos que cuentan con los beneficios sociales otorgados por el gobierno garantizarán su voto para que Putin sea reelecto en las presidenciales del próximo año.
Sin embargo, el tema de la guerra contra Ucrania podría influir negativamente en los porcentajes de favoritismo que cuenta Putin.
Políticos en Occidente pronosticaban que el motín paramilitar era el acabose de Putin, pues enfrentaría una guerra civil.
Pero, a juzgar en los medios digitales, la sociedad rusa compartió la idea de que en condiciones en la que los militares están enfrentando una “ofensiva del enemigo ucraniano”, era inaceptable iniciar disputas internas.
Sectores opositores al gobierno indicaban que Putin había dado una imagen de debilidad que podría ser duradera y que podría influir negativamente sus aspiraciones reeleccionistas.
Konstantin Remchukov, editor del periódico moscovita Nezavisimaya Gazeta, escribió que lo que antes parecía impensable ahora era posible: que personas cercanas a Putin intentaran persuadirle de que no se presentara a la reelección y que con los acontecimientos, Putin había perdido definitivamente su condición de garante de la riqueza y la seguridad de la élite.
Para Remchukov, la idea de que Putin proporciona estabilidad y garantiza la seguridad “sufrió un fiasco el 24 de junio”.
Hay que recordar que «estabilidad» fue el estribillo que utilizó el Kremlin para el referéndum de 2020 que despejó el camino a Putin para dos mandatos más, hasta 2036.
(*) Alfredo Jiménez Pereyra es periodista y analista internacional







