Recientemente algunos economistas sostuvieron que la deuda pública debe medirse sumando las deudas interna y externa. Sin embargo, esto implicaría sumar peras con manzanas, porque su naturaleza es distinta.
La principal razón para separar la deuda interna con la externa es la denominación de la moneda. La deuda interna es generada en moneda local, en este caso en “bolivianos”. En cambio, la deuda externa es contratada en moneda extranjera, ya sea dólares, euros u otra moneda. Por lo que la suma de la deuda interna en bolivianos y la deuda externa en dólares es como la suma de peras con manzanas.
Si bien se puede convertir la deuda interna a dólares, esto no cambia las características propias de las deudas interna y externa. La deuda interna refleja la capacidad que tiene un gobierno de generar confianza hacia una moneda local, en este caso el boliviano. Si las personas no confiaran en el boliviano, la deuda interna sería reducida.
En cambio, la deuda externa está reflejando la capacidad de generación de dólares, los cuales se consiguen a través de exportaciones, remesas e inversión extranjera. Si Bolivia pudiera aumentar el valor de estas variables, tendría la opción de aumentar la deuda externa.
Muchos analistas han estado observando que la deuda externa crece desmesuradamente y se está hipotecando el futuro del país, sin embargo, esto es falso. Para 2022, la deuda externa del Tesoro General de la Nación (TGN) se situó en 30% del Producto Interno Bruto (PIB), cifra menor a las gestiones 2021 (31,2%) y 2020 (33%).
Estos datos muestran que la deuda externa se está manejando mesuradamente. Otro elemento importante respecto a la deuda externa es que Bolivia ha estado cumpliendo con el pago de los intereses y capital, por lo que ha estado demostrando una voluntad y capacidad de pago de sus deudas, a diferencia de algunos países sudamericanos que han decidido declararse en default.
En cuanto a la deuda interna del TGN, también está dentro de los márgenes de sostenibilidad, a pesar de la crisis económica generada por el gobierno transitorio. En 2019, el ratio deuda interna-PIB era 16%, sin embargo, el gobierno transitorio casi duplicó este ratio a 28% para 2020; posteriormente este dato aumentó a 34% en 2021 y se estabilizó en 35% en 2022.
Algunos analistas muestran estos últimos datos como el camino al abismo, pero no es así por dos razones. Las personas y empresas mantienen la confianza en la bolivianización de la economía y mantienen estables los ahorros y créditos en bolivianos, en 86% y 99% para 2023; esto da confianza al endeudamiento interno.
La otra razón contundente es la inflación baja. Si la deuda interna fuera muy alta, esto se reflejaría en los niveles de inflación por encima del 10% y luego del 40%. Sin embargo, la inflación en Bolivia ha estado alrededor de 3,12% en 2022 y 0,57% a mayo de 2023.
Por tanto, queda claro que las deudas interna y externa son primas cercanas, pero hermanas no son. Los termómetros de ambas indican estabilidad. Sin embargo, la deuda no puede crecer ad infinitum. Los futuros aumentos de deuda deben ser monitoreados minuciosamente en base a criterios científicos acordes a la realidad boliviana, más allá de los famosos umbrales de los organismos externos.
Marco Gavincha es economista.







