En la actualidad se ha comenzado a vivir el abandono de ciertos espacios públicos, a pesar de ello, los más relevantes de las ciudades son cuidadosamente respetados no por una simple nostalgia del pasado, sino porque forman parte de la memoria histórica de un país. Bellos espacios que en muchos casos acompañaron el proceso de desarrollo y transformación de las sociedades.
En La Paz, ciertas plazas muestran un deterioro que sorprende y molesta, ya que parecieran relatar cómo los malentretenidos encuentran en la soledad de la noche el momento oportuno para la práctica de “rituales” destructivos. Un espectáculo vivo, como afirmaba Metraux, que delata que sus autores no siempre buscan esparcimiento, sino destrucción. Solo así se puede comprender cómo hoy se agreden a las plazas. Es más, muros recién pintados de casas y de edificios nuevos son “manchados” con una especie de jeroglíficos que en absoluto podrían ser considerados grafitis. Una actitud que, podría ser comprendida como infrarrelacional.
Así, el espacio público despliega hoy una red interminable de relaciones precarias, presentadas a través de una trama de experiencias y realidades sociales que asombran.
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Es evidente la existencia de temporalidades distintas en la vida urbana, lo cual debiera derivar en conservar los valores del pasado, pero sin dejar de tener una visión de futuro. Para esto último se podría proyectar el nuevo espacio público recreativo evolucionado, vale decir, resignificado. Una transformación fundamental del espacio público del presente hacia el futuro.
Importantes parques recreativos que evoquen el disfrute dinámico contemporáneo, donde la polivalencia de usos inscriba nuevas experiencias que rescaten la expansión del vivir, especialmente de la gente joven. Esta sería una respuesta contemporánea que evitaría que se continúe destruyendo la ciudad y su historia.
Una resignificación del espacio público acorde a los tiempos actuales, que demandan nuevas propuestas espaciales en las que el esparcimiento contemporáneo sea manifiesto, sin olvidar otras áreas destinadas a desarrollar talentos, las cuales podrían ser concebidas no solo a partir de los espacios abiertos, sino de áreas tecnológicas, útiles para el desarrollo de las habilidades de los niños y jóvenes, extraídas a través del juego.
Resignificar el espacio público es darle un sentido diferente a este. Para el caso de la cada vez mayor población joven, reafirmamos que esta requiere de espacios recreativos que se enmarquen en la acción, pero también en la práctica tecnológica. Algo que se podría lograr a través de propuestas en las que el significado sea el desarrollo de la creación y la ampliación imaginativa.
Por tanto, la riqueza desafiante de ese planteamiento radica en “hacer nacer” lo creativo a través del esparcimiento contemporáneo, que sin duda permitiría una transformación real del espacio recreativo.
En ese sentido, resignificar el espacio público es, pues, dotarle de un sentido diferente al del pasado a partir de propuestas circunscritas en la acción y su uso múltiple. Un espacio que articule una pluralidad de actividades en las que la innovación responda a las exigencias del esparcimiento y recreación de los nuevos tiempos; vale decir, que su práctica prometa resultados imaginativos.
En suma, el espacio público recreativo debiera estar concebido para ser ampliado, pero no solo en lo referido a las cualidades del esparcimiento, sino al sentido contemporáneo que conlleva.
(*) Patricia Vargas es arquitecta







