A los argentinos les gusta hablar de fenómenos. Si un gaucho —como aquí les decimos afectuosamente a los argentinos— te dice “sos un fenómeno”, no te alborotes, quiere decir que eres alguien excepcional. Se lo dicen al Papa, a Messi, a Marcelo Tinelli y hoy a Javier Milei.
Milei es el candidato presidencial por La Libertad Avanza. Este frente irrumpió en la política argentina al convertirse en la tercera fuerza del país en las elecciones legislativas de 2021 y ganador en días recientes de las elecciones primarias, conocidas como las PASO. Su popularidad se la debe a su extravagante cabellera que le hizo merecedor del pseudónimo “el peluca”, a los medios de comunicación que utilizaron su singular personalidad repleta de arrebatos de ira, furor y exageración en debates abiertos que la farándula argentina sabe muy bien explotarla y a su habilidad como futurista, pues anticipó el rescate financiero que pediría Argentina al FMI, con un año de anticipación a 2018.
Lea también: La nueva ruta del Potosí
Es un político antisistema, radical, excéntrico y egocéntrico de la nueva derecha populista argentina. Su proyecto político enarbola un discurso libertario a nivel del individuo y los mercados. En contraposición, aspira a reducir el Estado a su mínima expresión y amenaza con eliminar los derechos sociales y conquistas laborales alcanzados por décadas por los gobiernos progresistas.
Su ascenso meteórico en política estuvo pavimentado por la prolongada crisis económica que atraviesa su país y las fallidas respuestas económicas tanto de macristas, kirchneristas y peronistas, a quienes los critica y responsabiliza. Con una inflación de 113% a julio y una devaluación de su moneda a más de 700 pesos por dólar, Argentina vive su peor crisis económica en décadas. La aparición de un mesías económico resultaba electoralmente redituable. Milei es el producto histórico de los desaciertos económicos de sus predecesores.
Para superar esta crisis, Milei plantea eliminar al banco central, recortar los ministerios, reducir la inversión pública, dolarizar la economía, eliminar las restricciones a las divisas, entre otras cosas. La propuesta de Milei no es original, sino una continuidad a las viejas políticas neoliberales de los años 90 que arrastraron a Argentina a otra crisis a principios del siglo XXI, y que hoy es relanzada como una adaptación del actual régimen monetario ecuatoriano, el sistema de adjudicaciones de obras públicas chilena y el sistema de vouchers sueco, que son algunas de las pocas instituciones formales que el neoliberalismo ha construido en tres décadas.
El fenómeno Milei ha traspasado fronteras, cuyos frondosos resultados electorales han reabierto la esperanza de opositores en Bolivia de cara a las próximas elecciones nacionales de 2025. Trompetas al viento, que la búsqueda del Milei boliviano ha comenzado. El imitador que mejor porte esa cabellera deberá destacar por ser un neoliberal de pura cepa, incapaz de ruborizarse frente a las descalificaciones como vendepatria o neoliberal de patas cortas. En su prontuario deberá haber acumulado varias batallas contra el masismo y su modelo económico. Deberá ser un ser sublime, divertido y carismático, un orador shakesperiano del libre mercado, seductor tinderiano de las transnacionales, encantador de suegras —sobrenombre con el que se alude al FMI— y con ínfulas de clarividente. Deseable que tenga una columna de opinión antirrevolucionaria o una cuenta TikTok neolibertaria. Las audiciones están abiertas y por lo que advierten las encuestas, hay varios interesados.
(*) Omar Velasco Portillo es economista







