En el cielo han aparecido unos extraños mensajes, unas letras y unas cifras, escritas en rojo sangre. Se ven dos números; primero un cuarenta y luego un siete. Algo quieren decir en el lenguaje secreto de los sufistas. Los cuarenta “walí” y los siete años que reinará el “Fatimí” antes de que llegue la guerra final.
Dicen que el “Fatimí” viene con su mujer, tal y como Julián Bin Apaza Ibn Katari llegó con Bartolina al-Sisa bin Kunturi, llamada Sayyida. Tienen que pasar, según la tradición, doscientos sesenta años (es decir cuarenta veces siete) desde el nacimiento de la Sayyida Bartolina para que llegue el “Mahdí” que esta vez será mujer. Estamos en 1450, según el calendario musulmán. Faltan siete años para 1457, el señalado. El tiempo se acerca; cuando el libro sea abierto y el velo de los cielos se rasgue, llegará el paraíso (para las mujeres).
Una mujer —Aisha bin Mamani bin Mardanish— ha encontrado un libro sin título; más bien es al revés, un libro secreto con pinta de cuaderno artesanal ha encontrado a la mujer elegida/enviada. Tiene tapa de cuero negro y sus páginas son de papel grueso y amarillento. Lo ha encontrado en una tienda de antigüedades de Cochabamba. (Nota mental: los historiadores deberían caer más por los anticuarios y menos por los archivos).
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El libro cuenta hechos desconocidos, hechos ocultados sobre rebeliones y mujeres que se levantan. Narra la “Historia de las Mujeres”, así en mayúsculas. Está por nacer una nueva corriente de la historia, la vista/contada por ellas mismas.
Estamos en Qullastán, tierra de Dar-al-Islam, República Islámica desde el año 1240 cuando se liberaron de los granadinos. Los musulmanes (y no los cristianos) conquistaron primero toda Al-Andalus y luego todos los territorios desde México hasta la Patagonia pasando por Araucanía y la República de la Plata. Es lo que se llama Amerikiyya. Solo en el norte, en los Estados Confederados de América y en la Confederación Luisiana-Canadiense, gobiernan los cristianos. En Californaya, mandan los rusos y su capital es Novy Angelsk. Por cierto, en este mundo paralelo, Paraguay es el décimo departamento de Qullastán.
Las mujeres se están organizando. Algunas se reúnen en “warmis marcas”, pueblo de mujeres. Otras estudian en la clandestinidad para ser maestras y se juntan en la “madraza” de chicas para hablar de Ibn Katari y Sayyida Bartolina, personajes borrados por la Historia Oficial. Aprenden que en el pasado ellas también lucharon armadas contra los granadinos, que combatían —voluntad de Alá— a los impíos. Pronto van a actuar, pronto van a exigir con las armas en la mano que la universidad no sea solo para ellos. Pronto los hombres van a rendir cuentas.
Aisha tiene sueños premonitorios, visiones, revelaciones; escucha la voz de Dios. Episodios alucinatorios, diciendo. Aunque solo existe el presente y este es eterno, Aisha ve —en el futuro— un jardín de senderos que se bifurca. Dicen que el pasado es solo uno pero es mentira. Creemos conocer (todo) el pasado pero eso no es verdad.
Aisha acude de manera sagrada a la mezquita de Churubamba. Suele tomar “achuma” (ayahuasca) pero no le llegan así los mensajes del Eterno. Están pasando cosas y no son casualidades, esas son cosas de los ateos. Aisha reparte propaganda, folletos que titulan así: Sayyida Bartolina, mártir de la fe y de la liberación nacional. Lidera junto a su tocaya Bin Villca bin Flores una organización armada (indigenista/yihadista) llamada “Las que arrastran”. Por supuesto, tienen su sello. De lo contrario, no estaríamos en Qullastán. Con ese sello, en la escena de las acciones, reivindican sus atentados.
“Las que arrastran” matan a hombres adultos, acusados de matar a mujeres. Los estrangulan suavemente con telas lisas. Son un escuadrón de justicieras. También exigen educación igualitaria para todas las mujeres y la apertura de todas las carreras universitarias del país, empezando por Derecho y Medicina en todas las urbes del país, desde Chukiyawu a Cochabamba pasando por Ciudad del Piraí.
Para que las mujeres dejen de ser “estudiantes fantasmas” (hombres inscritos y estudios realizados en su nombre por mujeres); para llamar la atención mediática, van a secuestrar a un ministro de Estado. Creen que los hombres son de naturaleza voluble y cegados por sus impulsos. Terminarán, ambas Aishas, en la cárcel y en el manicomio donde la segunda, que narra en primera persona, conocerá a la paciente Calixta, una mujer que asegura vivir en un país llamado Bolivia, que está convencida que se cayó por una grieta/fábula de la historia, que cree en los universos paralelos. Calixta está enganchada a Caso Cerrado y se parece mucho a una escritora inglesa/boliviana llamada Alison Spedding. El secretario de su delirio es su nueva novela.
(*) Ricardo Bajo es un pinche periodista







