En septiembre de 1993 se firmó el acuerdo de paz de Oslo entre Israel y la OLP que fue un hito estratégico que devolvió la cuestión palestina a su lugar natural, es decir, a una causa justa reconocida internacionalmente, demostrando que con el peso de la responsabilidad política, moral y jurídica se puede encontrar la solución adecuada y resolver el conflicto.
Los Acuerdos de Oslo condujeron al reconocimiento dual estadounidense-israelí, de la OLP y de los legítimos derechos políticos del pueblo palestino. A partir de este reconocimiento se dieron los siguientes pasos: Retirada gradual de Israel de las ciudades palestinas que comenzaron por Gaza y Jericó, el regreso del presidente Yasser Arafat junto con más de 350.000 palestinos que regresaron a Palestina durante el período de 1994 a 1999, y el nacimiento de la Autoridad Nacional Palestina y su autogobierno dentro de su tierra natal como preludio al establecimiento del Estado palestino. El último y más importante de estos pasos es transferir toda la cuestión palestina del exilio a su patria de origen, de dicha forma se traslada el conflicto desde fuera de Palestina hacia dentro, utilizando herramientas palestinas para enfrentarse al enemigo de los palestinos que es quien ocupa su tierra, confisca sus derechos y ataca su dignidad.
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El gobierno extremista israelí es el responsable de las prácticas que se están llevando a cabo actualmente y que conducirán a resultados catastróficos en la región, devolviendo la situación irremediablemente al punto de partida tras su insistencia en cambiar el statu quo y su violación de todos los acuerdos que se firmaron con anterioridad, en particular “los Acuerdos de Oslo”. Por lo tanto, es responsable de este vacío; su política condujo a la abolición de “los Acuerdos de Oslo” y la destrucción de las posibilidades de éxito del proceso de paz conforme a las normas y acuerdos internacionales firmados.
La ocupación impone por la fuerza militar una nueva realidad de ocupación en Cisjordania y continúa favoreciendo la expansión de los asentamientos y el control de Cisjordania, proporcionando tierras palestinas de forma gratuita a una ocupación que solo conoce el lenguaje de la fuerza, la dominación y el control militar, constituyendo una grave violación del derecho internacional.
La doctrina o estrategia principal predominante entre la mayoría de los fundamentalistas israelíes, especialmente bajo el actual gobierno de la extrema derecha, es que la gran mayoría de los políticos israelíes están de acuerdo en que “los Acuerdos de Oslo”, que se firmaron hace 30 años, son uno de los mayores desastres para Israel. Por lo tanto, para el complejo de Netanyahu y la derecha sionista, “los Acuerdos de Oslo” representan el punto de ruptura del proyecto sionista.
La segunda batalla israelí contra Oslo tuvo lugar con el asesinato del primer ministro israelí Rabin el 4 de noviembre de 1994; posteriormente Netanyahu ganó las elecciones de mayo de 1995 y, consecuentemente, los Acuerdos de Oslo se vieron frustrados; volvió a producirse un giro cuando Sharon llegó al gobierno y volvió a ocupar las ciudades palestinas en marzo de 2002, y asedió y asesinó al presidente Arafat a finales de 2004. Los gobiernos de la ocupación trabajaron para abolir Oslo y confirmar su control y ocupación de tierras palestinas.
La experiencia nos enseña que la entidad sionista no valora los acuerdos políticos, porque el proyecto sionista racista y bíblico de su Estado racista expansionista es mucho más importante que un Estado de paz alcanzado con los palestinos. Esta es la realidad a la que nos enfrentamos tras los 30 largos años transcurridos desde la firma de los acuerdos. Las tierras de la Cisjordania ocupada han sido saqueadas mediante el establecimiento de asentamientos para obstaculizar el establecimiento de un Estado palestino independiente.
Quien quiere retirarse de Oslo es la derecha sionista empujando a Palestina, su ilusión, su causa y a su pueblo fuera de la geografía de Palestina. La derecha sionista es la que trabaja para eximir a la entidad sionista de las responsabilidades que conlleva, morales, jurídicas y políticas. Es la dialéctica del conflicto: quitar, exigir, hurtar y acumular hasta alcanzar tus objetivos finales.
Es preciso trabajar para extraer el resto de derechos estipulados por Oslo para llegar al objetivo final según una estrategia y visión fijadas sobre el derecho al retorno, la autodeterminación y el Estado independiente con Jerusalén como capital. No hay que abandonar lo que tenemos para no volver a empezar de cero.
(*) Mahmoud Elalwani es embajador del Estado de Palestina en Bolivia






