Sigmund Freud dice que las vivencias infantiles tienen un papel fundamental en el desarrollo de la personalidad adulta y en su forma de vivir en el mundo. Javier Milei fue un niño maltratado, vejado y sin amor. Un joven menospreciado y humillado no solo por sus padres, sino también por sus maestros y compañeros de escuela que hicieron de él un hombre gobernado por el resentimiento y la ira. Juntos, le pusieron el apodo aquel que desde esa temprana edad lo describe: El Loco. Este apodo es también el título de un libro del periodista argentino Juan Luis González, del cual se extraen estos datos (El Loco, Planeta 2023).
Su padre, Norberto Milei, lo sometía a constantes golpizas con la complicidad de su madre, Alicia Luján. El propio Milei cuenta que un día de 1982, cuando la televisión anunció el conflicto de las Malvinas, se le ocurrió decir en voz alta que Argentina perdería esa guerra. No terminó de decir la última frase cuando un golpe de su padre lo tiró al piso. “Me golpeó con una violencia salvaje, mi hermana que vio cómo me golpeaba, sufrió un shock tan terrible que tuvo que ser trasladada a un hospital”. Desde ahí, le habló su madre para decirle que su hermana estaba muy mal y que, si moría, sería por su culpa. Milei había cumplido recién 11 años de edad.
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En la escuela, sus maestros y compañeros de clase se burlaban de él por su apariencia. Esto lo orilló a apartarse y a estar siempre a la defensiva. Lo recuerdan como un alumno taciturno, solitario y sin amigos. Con el pelo largo, ya joven, se hizo fan del grupo The Rolling Stones y de su cantante Mick Jagger, a quien imitaba en la forma de bailar, vestir, caminar y de hablar. Esa imitación sacó su parte violenta e iracunda: a la menor provocación, estallaba en furia y sin medir consecuencias se iba a los golpes; era temido.
De vuelta a su casa, oía a su padre: “eres un inútil”, “un mantenido”, “no sirves para nada”. “Siempre fue despectivo para mí y para mi carrera, siempre me dijo que era una basura, que me iba a morir de hambre, que iba a ser toda la vida un inútil, un incompetente”, contó el propio Milei. Cuando cumplió 30 años, su padre le dio un departamento y un auto, solo para decirle “¿ves que no servís para nada? Hasta el auto te tengo que dar”.
En 2010, rompió con sus “progenitores” (así les llama, no papá ni mamá) y fue en ese tiempo en el que adoptó un mastín inglés al que puso el nombre de Conan, con quien vivió más de 10 años, hasta que murió de cáncer. Milei dice que es el único y su más querido hijo. Su muerte le afectó tanto, que necesitó ayuda psiquiátrica para salir de la depresión. Aún ahora no acepta la muerte de Conan; dice que lo ve y hasta puede hablar con él a través de una médium. Esta médium se llama Celia Liliana Melamed, quien, en una entrevista, dijo que su especialidad es la comunicación con animales vivos y muertos, que hasta con los mosquitos puede hablar. Contó cómo logró comunicarse con el virus del COVID-19…
Milei cree tanto en esto, que pidió a su única hermana, Karina (solitaria y soltera como él), que aprendiera las habilidades de esta médium, y Karina se tituló de médium. Ahora es ella la que lo comunica con Conan. Karina ocupa hoy el cargo de Secretaria General de la Presidencia. Milei dice que fue precisamente Conan quien lo empujó a incursionar en la política. En una entrevista, relató que su perro le dijo que había hablado con Dios y que éste le ordenaba entrar en la política y no parara hasta ser Presidente de la República. En otra entrevista, dijo que, luego de eso, vio resucitar tres veces a Cristo.
Conan fue clonado y cuatro de esos clones viven con Milei en la Casa Rosada. Sus nombres son: Murray (por Murray Newton Rothbard), Milton (por Milton Friedman), Robert y Lucas (por Robert Emerson Lucas), todos economistas estadounidenses a quienes Milei considera sus maestros. En otra entrevista, dijo que todas sus decisiones las consulta primero con sus cuatro perros, que le aconsejan qué hacer en asuntos de economía.
Milei escribió varios artículos y algunos libros que en su momento fueron un éxito. Luego de una investigación periodística y con pruebas fehacientes, se descubrió que todos fueron plagios.
En la Biblia, se narra que Moisés y Aarón eran dos hermanos que tenían la misión de transmitir la palabra de Dios. Milei dice que su hermana Karina es Moisés y él, Aarón. Karina es la única persona en la que Milei dice confiar ciegamente. No hace nada si ella no lo aprueba. Ella tiene 50 años de edad, no se le conocen novios ni pretendientes. Milei le dice “jefe” y ella se refiere a él como “el ser más maravilloso del mundo”…
(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista







