Fue como un rayo en noche estrellada. Los noticieros de la una de la tarde en México, las tres de Bolivia, habían comenzado lentos y con notas sin importancia, cuando llegaron los primeros avances de lo que estaba ocurriendo a esa hora en la plaza Murillo. Entonces comenzó el griterío de los conductores: ¡De último momento! ¡Golpe de Estado en Bolivia! ¡El Ejército toma la sede de gobierno con tanques y tropas…!
Y el acostumbrado monitoreo de esa hora se convirtió en un frenesí de ir de una radioemisora a otra, todas parecían en cadena nacional: “¡Un tanque derribó la puerta de Palacio Nacional!” “¡Las tropas ya entraron a la sede de gobierno”! Al buscar radios bolivianas por internet, el asombro, en varias so lo había deportes y fútbol, en otras, huayños y así hasta que una empezó a dar noticia del asalto militar.
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A las seis de la tarde, hora de México, mientras en la embajada el titular, José Crespo, hacía un resumen de los hechos a los reporteros, regresé al monitoreo de noticiarios: todos entraron con el asunto boliviano, con crónicas y enlaces con periodistas de allá, pero en una radioemisora reconocí una voz, no era un periodista, era Iván Arias, el alcalde de La Paz, y oí lo que dijo: “…esto pasó de ser una tragedia a una comedia, fuimos víctimas de un sainete, de un engaño, pero más allá de eso, la primera reacción que tuvimos como autoridad democráticamente elegida, fue defender la democracia…yo no salí a defender al Presidente, ni a su partido, salí a defender la democracia que tanto nos ha costado…yo soy hijo de la democracia, yo fui torturado, yo fui baleado por las dictaduras y no voy a permitir que un sainete ponga en riesgo a la democracia…”
Siguió Arias: “…Fue un sainete que agravará la precaria situación del país, no sé si esto beneficiará a los organizadores… nosotros quedamos con la boca abierta, Dios mío, no puede ser, hemos sido víctimas de un sainete… después de esto ¿tenemos más dólares? ¿Tenemos más combustible? ¿Más estabilidad?… si no tenemos eso, todo lo que ha pasado se va a voltear contra todos los que nos han querido tomar el pelo…”
Sintonicé otra estación de radio y ahí también tenían a otro boliviano que hablaba con mucha seguridad del asunto, lo identificaron como “el periodista boliviano Rafael Archondo” y lo oí “…no, no es como se viene diciendo que es un golpe de Estado, no, mi hipótesis es otra: lo que pasó no fue un golpe, para empezar un golpe de Estado no se da a las tres de la tarde, se lo da en la madrugada, el que va a dar el golpe se levanta a las cinco de la madrugada, toma el congreso, al presidente y el control del país… es más probable que se haya tratado de una escenificación para intentar generar una ola de solidaridad con un gobierno muy débil, muy cuestionado y que no ha podido enfrentar la crisis económica… necesitaba una especie de balón de oxígeno… mi hipótesis es que entre Arce y Zúñiga se pusieron de acuerdo y lo tuvo que detener, porque si lo dejaba libre, la credibilidad hubiera sido ausente… todo ha sido planteado para que los medios puedan dar una cobertura; los periodistas y transeúntes no fueron retirados de la plaza para que pudieran presenciar este espectáculo… fue circo y maroma, como se hizo en 2019, cuando se intentó generar la idea de que el Ejército se enfrentaba a la democracia, hostigando a un gobierno democrático…”
El dúo participó ese día en tres distintas radioemisoras repitiendo sus dichos, casi con las mismas palabras. Me interesó saber cómo ocurrió ese despliegue. Hablé con un colega del equipo de producción de uno de los noticiarios y me dijo que Archondo ya era asiduo en Radio Fórmula, y que Arias fue contactado con facilidad pues se mostraba dispuesto con quien quisiera entrevistarlo.
En los tres noticiarios en los que participó el dúo quedó la idea final de que lo ocurrido ese miércoles en Bolivia fue un “autogolpe” que el presidente Arce había escenificado. Al terminar de oírlos, recordé algo que había leído hace poco sobre la calumnia y la acusación, según Maquiavelo: “… la calumnia no necesita testigos ni ningún otro género de prueba, de suerte que cualquiera puede calumniar a otro, pero no acusarlo, porque la acusación exige verdaderas pruebas y circunstancias que demuestren la verdad en que se funda” (Discursos de la Primera Década de Tito Livio, Nicolás Maquiavelo).
(*) Javier Bustillos Zamorano es periodista







