El 20 de junio se recordaron 12 años de la reversión de la empresa minera Colquiri a tuición del Estado. Este yacimiento, cuya vida comenzó con la fiebre del estaño a principios del siglo XX, mantiene su pujanza y asume nuevos desafíos.
Colquiri, junto a Huanuni y Caracoles, fueron las últimas minas estatales en salir de la administración de la Comibol para pasar a la de Comsur, propiedad de Gonzalo Sánchez de Lozada. De 1985 a 1993, la compañía y los trabajadores demostraron ser una empresa autosuficiente, requisito para mantenerse en el seno de la estatal. A pesar de esta condición, se impuso la privatización, con la promesa de una inversión de $us 4,5 millones y un arriendo de 8% del valor bruto de venta, en época de precios altos. La privatización redujo la fuerza de trabajo de 2.000 trabajadores a 800, las inversiones ampliaron la producción con la introducción de un nuevo ingenio y la explotación con taladros largos en interior mina.
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En 2011, la Comibol recibió por canon de arrendamiento la suma de $us 4 millones; las utilidades de la empresa en 2013 fueron de $us 20,5 millones. Estos resultados y la necesidad de garantizar una minería sostenible permitieron inversiones en los tres primeros años de $us 41 millones, para ampliar y garantizar la producción en proyectos como la ampliación del ingenio para el tratamiento de 1.200 toneladas diarias, lo mismo con el dique de colas, un nuevo sistema de ventilación con compresoras modernas, la profundización del cuadro y la construcción de una rampa para la extracción. Lamentablemente estos proyectos no fueron ejecutados en paralelo, ni en los plazos establecidos, tal vez eso explica que la producción, en vez de aumentar, haya rebajado.
La construcción del nuevo ingenio se inició en 2019, el plazo para su conclusión era de dos años, hoy su entrega se efectúa a los cinco; con este proceder no se puede hablar de seriedad empresarial. La inauguración del nuevo ingenio ha hecho prever a las autoridades de la empresa el aumento de la producción en un 40% en el caso del estaño y un 56% en el zinc. Nuestro deseo es que se cumpla, aunque un trabajador anticipó que no hay mineral, ¿será por su inexistencia o no se garantiza su extracción?
El problema de Colquiri no es la producción de concentrados, sino la comercialización, que es la concreción del negocio minero. Con la venta a la Empresa Metalúrgica Vinto, la comercialización del estaño tiene problemas, no cumple con los pagos en el tiempo debido y pone en riesgo recuperar lo acordado, por una baja de las cotizaciones. La fundidora es una prestadora de servicios y al entrar en el mercado de los metales, sin capital propio, la deuda es permanente, histórica como dicen. La solución es la integración de la cadena productiva en una sola corporación de empresas en la cual el fruto final de la comercialización beneficie a todos. Colquiri ha estado haciendo ventas de estaño a consorcios privados ante la insolvencia de Vinto, causando un daño al proceso de industrialización.
El caso del zinc es más grave: al ser un concentrado, se vende a un comercializador para su refinación en el exterior y éste por el servicio cobra el 70% del valor de mercado. Así, en la proyección que tiene Colquiri de su producción para este año de 18.879 TM finas, que en el mercado tiene un valor de $us 57,8 millones, recibirá solo $us 19,26 millones, sin tomar en cuenta el valor de la serie de metales como el indio, el cadmio, el galio, el estaño, etc… que contiene este concentrado. El problema lo conocen los trabajadores y en reiteradas ocasiones lo han planteado en cumbres productivas, pliegos petitorios, pedido de los cívicos y, a pesar de ello, no se escucha el clamor por una refinería de zinc, para beneplácito de las transnacionales mineras.
Con tantas dudas, el presidente Luis Arce, en su estadía en Colquiri, homenajeó la nacionalización y no participó de la entrega del nuevo ingenio.
(*) José Pimentel Castillo fue dirigente sindical minero







