La intrínseca relación entre educación y desarrollo, un tema de vital importancia, brilla por su ausencia en la convocatoria al Congreso Plurinacional de Educación. No basta con una declaración formal que incorpore ambos términos al final del evento; es crucial que los análisis partan de su compleja y multifacética interconexión, integrando en una mirada holística los aspectos sociales, económicos, culturales, políticos y regionales, así como sus amplias implicaciones educativas.
En consecuencia, para que la educación, concebida como motor de transformación social y factor de desarrollo, sea efectiva, tiene que estar acorde con el modelo de desarrollo vigente. De lo contrario, se corre el riesgo de que las conclusiones del Congreso se encuentren desconectadas de la realidad. Es fundamental que se aborde cómo la educación debe empoderar a la sociedad, las comunidades, regiones y actores educativos en un desarrollo que beneficie a todos los bolivianos, respetando su diversidad y particularidades.
Vea: Democratizar las rutas del congreso educativo
Sin embargo, al abordar esta relación es común incurrir en generalizaciones y simplificaciones, ignorando la especificidad del momento histórico, los contextos políticos y las condiciones regionales, socioeconómicas y culturales, diversas y complejas. Esta tendencia ha dado lugar a enfoques que tratan la educación como un sistema homogéneo, desconociendo la existencia de profundas desigualdades y una rica diversidad que caracteriza al país.
Para contrarrestar esta tendencia, resulta de gran valor epistemológico revisar la historia para reafirmar que a cada modelo de desarrollo le corresponde una propuesta política hegemónica, que se proyecta en un modelo educativo específico. El Congreso Plurinacional de Educación, para una correcta comprensión del rol de la educación en el desarrollo, además de llevar a cabo un «diagnóstico» de la realidad educativa, debe contextualizar las diferentes facetas que comprenden la relación educación y desarrollo.
A lo largo de la historia boliviana, cada modelo de desarrollo ha tenido implicaciones directas en el tipo de educación implementada:
El Modelo Liberal exportador (1900) proponía el progreso y modernidad como horizonte de desarrollo y para ello requería de un modelo educativo dirigido a la “civilización y el progreso» y una población que sepa leer y escribir (Iño, W., 2012). Su proyecto de educación era un engranaje esencial en la “regeneración de la raza”, la construcción del Estado-nación (Martínez, F., 2021).
Por su parte, el Modelo de Capitalismo de Estado y sustitución de importaciones (1952), construye el Estado, sociedad y modelo de desarrollo a partir de los cambios políticos (sufragio universal), económicos (nacionalización de las minas, reforma agraria), socioculturales (democratización del acceso educativo), transformaciones que impulsan una economía capitalista estatal, con un modelo educativo que promueve la gratuidad y un enfoque social hacia los sectores rurales, generando un cambio de una “educación de castas a una educación de masas” (Cajias de la Vega, B., 1998).
En el Modelo Neoliberal (1985) se hace énfasis en la descentralización y privatización del quehacer económico, se concibe la educación como servicio y la administración educativa se descentraliza, promoviendo la participación del sector privado en la educación. Se orientó la educación hacia la formación de competencias para el mercado laboral, la gratuidad y obligatoriedad exclusivamente en primaria.
En el Modelo Socio-comunitario Productivo (2006), el Estado asume el protagonismo económico, con énfasis en la redistribución social. Propone descolonizar la educación y reconocer la diversidad cultural y lingüística del país, así como vincular la educación con la producción y el desarrollo comunitario, fomentando la formación técnica y productiva.
En conclusión, ignorar en el congreso educativo las condiciones del desarrollo puede conducir a errores en la identificación de los problemas, que son el punto de partida para el diseño del modelo educativo y las políticas educativas. Constituye una necesidad reorientar el temario del congreso y democratizar la participación del conjunto de la sociedad boliviana.
(*) Roberto Aguilar Gómez es docente investigador de la UMSA, exministro de Educación







