El denominado Socialismo Utópico tuvo como principales referentes a Santo Tomás Moro y Robert Owen en Gran Bretaña; Henri de Saint-Simon, Flora Tristán, Charles Fourier y Étienne Cabet en Francia; propios de la ilustración europea, su pensamiento ya distinguía y criticaba las desigualdades de las personas en sus sociedades.
En el propio desarrollo de la historia se identifican los antagonismos de clase: esclavistas-esclavos, señores feudales-siervos de la tierra; y en tiempos de la modernidad: dueños de los medios de producción-proletarios. Ya en la posmodernidad podemos ejemplificar este antagonismo de clase entre ejecutivos de grandes corporaciones CEO-cognitariado, que son quienes venden exclusivamente su intelecto o fuerza mental a cambio de un sueldo, salario o remuneración.
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Pero, hablar de Sentido de Clase necesariamente nos remite al Socialismo Científico, desarrollado fundamentalmente por Marx, Engels y por la propia obra Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico. Incrustando las categorías: Relaciones de Producción y Relaciones Económicas. Por ende, se puede definir el socialismo como un método de interpretación de la realidad social basado en la dialéctica de los antagonismos de clase para entender cómo se desarrollan las relaciones de producción en una determinada sociedad en función al rol económico de cada clase social.
Así pues, la mayoría de las y los bolivianos pertenecemos al proletariado, ya que vendemos nuestra fuerza física por una remuneración económica o salario. O bien somos parte del cognitariado ya que todos los profesionales en cualquier área venden sus conocimientos, que es en sí un trabajo intelectual, a cambio de una remuneración o salario. Incluso los denominados “emprendedores” venden su fuerza física, intelectual o ambas para la producción de una mercancía o conocimiento que es ofertado a quien pueda pagarlo.
Sabiendo esto, ¿tenemos un gobierno socialista en Bolivia? La respuesta inmediata es No. Pero más allá de lo evidente, podemos todavía ahondar más en las características y en el Sentido de Clase de los actuales gobernantes, que sin lugar a dudas no es el mismo Sentido de Clase de la gran mayoría de las y los bolivianos que son parte del proletariado o cognitariado.
Dos acontecimientos de este año son ejemplificadores para darnos cuenta que los gobernantes actuales ostentan un sentido antipopular, alejado del proletariado y cognitariado, y que gobiernan para las grandes élites económicas del país, una suerte de plutocracia o gobierno de los ricos.
Estos acontecimientos son el “Acuerdo económico, productivo y empresarial entre el Gobierno Nacional y el empresariado boliviano” del 19 de febrero, donde el empresariado privado tuvo la habilidad de imponerle al gobierno de Luis Arce la Agenda Económica que en 14 años no pudo imponerle a Evo Morales. Acuerdo de 10 puntos que se negociaron en el transcurso de media mañana, mientras que el sector trabajador representado por la Central Obrera Boliviana (COB) tuvo que esperar hasta abril de ese mismo año para instalar mesas de trabajo cuyo único resultado fue un incremento de 5,85% al salario mínimo nacional y 3% al haber básico. El segundo acontecimiento que da cuenta del Sentido de Clase del Gobierno ligado a los más ricos del país fue el denominado “Diálogo Nacional por la Economía y la Producción”.
Ambas acciones dan cuenta que la lógica gubernamental está basada en la teoría de la cascada económica. Esta teoría refiere que todos los esfuerzos económicos gubernamentales deben favorecer siempre a las clases más altas de la sociedad generando que, por rebalse, surja un impacto probablemente favorable en las clases más desfavorecidas. Es decir, concentrar todos los esfuerzos económicos para salvar a los más pudientes, que éstos a la vez, al ser salvados, podrán derramar algo de sus ganancias al resto de la sociedad. Teoría ya ampliamente superada y descartada en las sociedades más avanzadas que basan sus niveles de crecimiento económico reduciendo brechas de desigualdad entre los que tienen mucho y los que tienen muy poco a través, por ejemplo, del coeficiente de Gini.
En fin, estamos muy lejos, con el actual Gobierno, de poder siquiera soñar con políticas económicas y sociales con un Sentido de Clase acorde con las grandes mayorías de proletarios y cognitarios que vivimos en este hermoso país.
(*) Gabriel Villalba Pérez es abogado titulado de la UMSA, magíster en Gestión de la Comunicación por el IpiCom UMSA y especializado en Geopolítica e Integración Regional por la Unidad de Posgrado de la UNAM de México







