“El mundo se está convirtiendo en una caverna igual que la de Platón: todos mirando imágenes y creyendo que son la realidad”, decía José Saramago sobre la realidad del mundo actual. El patético presente que vivimos especialmente en países emergentes como el nuestro, es de intensa saturación de información en medios tradicionales y también en las redes, con fake news a la orden en el torrente de información y propaganda, y con un bombardeo inmisericorde al subconsciente de nuestros pacíficos ciudadanos para llevarlos a creer lo que está de moda o aquello que se pretende establecer como verdad para favorecer a los grupos dominantes. La información siempre fue necesaria, pero la saturación al extremo que vivimos es un fenómeno reciente que más temprano que tarde nos cobrará facturas de desilusión, enfermiza sobreestima o depresión letal cuando haya un instante de lucidez que nos muestre la dureza del mundo real.
Vea: De libertarios, populistas, progresistas y otros (III)
Todos los aspectos de la vida tienen hoy la presencia de un show para vender o conseguir algo del público usuario, desde los medicamentos que eran de circulación restringida para un grupo especial de gente, es hoy la fuente de batallas de marcas y líneas que prometen milagros al por mayor; pasando por las batallas de locaciones de turismo, residenciales, equipo deportivo, ropa casual y de élite, gastronomía y un largo etcétera. No pueden faltar obviamente los shows personales y de grupo para destacar personalidades del arte, de la economía, de la investigación y de la política. El grupo político últimamente crece buscando adherentes en las redes y hay una superestructura que gracias a la inteligencia artificial (IA) controla todo comportamiento del público usuario. No se puede visitar una página en cualquier locación de internet que no tenga adherida una secuela de información y propaganda de productos que apuntan a las preferencias del usuario.
Así las cosas, recalamos en lo que es la administración del Estado en todos sus niveles, que no podía faltar en este pequeño resumen, la propaganda inunda todos los medios posibles para mostrar una realidad que solo existe en el mundo virtual y que difiere de la dura realidad que viven los habitantes. Ejemplos hay muchos, basta mencionar los problemas de los dólares, del diésel, del litio, del gas, de los descubrimientos de hidrocarburos, etc. Los anuncios, por muy pequeños que fueran, tienen bombos y platillos, y todo es calificado de mega y merece un show especial que pretende captar la adhesión del público. En la vereda del frente, la oposición de toda laya se esmera en criticar esa propaganda y de armar de vez en cuando sus propios shows que pretenden mostrar una realidad futura color de rosa, si por esos trances del destino merecen el voto en las próximas elecciones generales. ¿Podemos seguir en este ritmo alocado de seguir mirando imágenes creyendo que es la realidad?
Todo este embrollo se sustenta con el uso excesivo de energía y agua para el funcionamiento de los grandes equipos y de aquellos denominados data centers. La crisis ambiental por el uso de energías fósiles y el calentamiento global ya son inminentes, pero solo se los menciona como discurso, la transición energética se hará aún aumentando la minería de metales estratégicos indispensables para hacer factible este cambio, lo cual incrementará el uso de energía y agua y agudizará la crisis. Los déficits de metales como el cobre ya se viven, los precios de mercado se disparan y todos los países están en la loca carrera de ganar a los países vecinos y a otros lejanos en participar y controlar esta revolución industrial de nuevo cuño, que parece no tener límites.
“Toda la vida es una lucha y cada paso ha de ser conquistado…”, decía Arthur Schopenhauer, el mundo real tiene su lógica y más temprano que tarde los sueños se convierten en castillos de naipes que cualquier ventarrón los destruye.
(*) Dionisio J. Garzón es ingeniero geólogo, exministro de Minería y Metalurgia







